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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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14 Mayo 2017 04:01:00
Para conocer al vecino
Basta escucharla para darse cuenta de que para ella la historia no es sólo una rama del conocimiento. Tampoco el camino para obtener un grado académico y un cargo en cualquier institución dedicada a la enseñanza o a la investigación. No. Para ella, la historia es más que una vocación o un simple trabajo, es una pasión.

Cuando expone sus ideas mueve las manos, como si dirigiera una orquesta invisible. Levanta los ojos o los abre inmensos mirando fijamente al auditorio. Subraya cada frase con un gesto de ninguna manera teatral, sino para dar énfasis al dato o a la idea expuesta; parece comunicar el gozo del descubridor.

Madre, esposa, académica, Érika Pani Bano, quien participó en la pasada Feria del Libro de Arteaga, ha escalado a fuerza de inteligencia y perseverancia un puesto entre los más grandes historiadores mexicanos contemporáneos. Posee, además, una cualidad poco frecuente entre nosotros, la de formar equipos y hacerlos trabajar en armonía.

Amable, delicada, de una educación pulida en un entorno familiar donde la alta cultura era parte de la vida diaria, Érika se ha hecho de un nombre a pesar de la carga del apellido paterno. No es la hija de… ni la sobrina de… o la nieta de… Ella es Érika Pani Bano, especialista en el siglo 19 mexicano, con especial acentuación en la atmósfera ideológico-política que privó hacia la mitad de la centuria.

Lo novedoso de su enfoque consiste en estudiar esa agitada época desde la perspectiva de los proscritos por la historia oficial, los llamados conservadores. Sin embargo, la baraja de sus intereses no se constriñe a ese tema. Recientemente, cuando disfrutaba de un año sabático en la Universidad de Chicago, se echó a cuestas la tarea de profundizar en el estudio del Tratado de Guadalupe-Hidalgo, firmado después de la invasión norteamericana, mediante el cual México cedió la mitad de su territorio a los vecinos del otro lado del Bravo.

En Arteaga presentó el más reciente de sus libros, publicado por El Colegio de México, Historia Mínima de los Estados Unidos, en el que lo único  mínimo es el título, ya que el contenido anula al adjetivo, pues se trata de una obra de gran calado. La cuidadosa selección de datos fundamentales se complementa con una aguda visión de los hechos. Al integrar datos e interpretaciones, la autora despliega ante el lector con toda claridad el proceso experimentado por una nación que de 13 colonias arrinconadas en el norte del continente llegó a convertirse en primera potencia mundial.

Para cualquier historiador mexicano constituye un reto intentar la síntesis de la historia de Estados Unidos. Resulta difícil desprenderse de prejuicios justamente apuntalados por numerosos agravios. (“Estuve en las entrañas del monstruo”, diría Martí). Érika logra, sin embargo, una objetividad capaz de analizar el devenir histórico de la nación vecina ajena a filias y fobias. Y no es este el mayor de sus éxitos.

Como se lo propuso la doctora Pani, su historia desagrega “al que queremos ver como un actor monolítico, coherente e inmutable”, marcando “sus numerosas y a veces contradictorias transformaciones y dar cuenta de la enorme diversidad –étnica, religiosa, lingüística y cultural– de una sociedad fincada sobre lo que fue tierra de conquista, de colonización y de inmigración”.

Todo ello lo cumple el texto que resulta, además, de amena lectura. En fin, un libro indispensable para echar una mirada inteligente a Estados Unidos y no quedarnos, como solemos hacerlo, en la epidermis del acontecimiento coyuntural y la última noticia.
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