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Leopoldo Ramos
Leopoldo Ramos
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14 Febrero 2016 05:05:19
Pasta de Conchos, a 10 años
“Las misas ya no bastan”, reclamaron familiares de los mineros muertos en Pasta de Conchos días antes del primer aniversario luctuoso de la peor tragedia minera ocurrida en el México contemporáneo. El próximo viernes 19 de febrero se cumplirán 10 años de que la carbonera de Grupo México estalló y se colapsó, y en todo este tiempo las exigencias de los deudos no variaron: les fastidian las lamentaciones y están
enojados con el Gobierno porque no permite la recuperación de los cuerpos, o lo que queda de ellos.

La mina se localiza en el ejido Santa María, cerca del camino que comunica a San Juan de Sabinas con Nueva Rosita, la cabecera municipal. El 19 de febrero de 2006, entre las 2 y las 2:30 de la mañana, una chispa y la acumulación de metano se convirtieron en la bomba que echó abajo el techo y las paredes de la excavación. De acuerdo con cifras oficiales, la explosión y los derrumbes causaron la muerte de 65
trabajadores y lesiones a otros 12, con incapacidad permanente para laborar. En los meses posteriores las brigadas de rescate ubicaron y llevaron a la superficie los cadáveres de dos. Los otros 63 parecen condenados a tener como sepulcro lo que fue su centro de trabajo.

“Lo que esperamos ese día son resultados: que nos den por fin la noticia de que consiguieron recuperar los cuerpos… Es bueno rezar, es bueno pedirle a Dios que nos ayude para recuperar los cuerpos de nuestros familiares, pero una misa no es todo. Ya pasó un año y los cuerpos de nuestros familiares siguen allá abajo”, dijo a principios de febrero de 2007 la hermana de una de las víctimas (http://www.jornada.unam.mx
/2007/02/03/index.php?section=sociedad&article=035n2soc).

En abril de 2007, la Secretaría de Economía, a cargo entonces de Eduardo Sojo Garza-Aldape, quien después fue ratificado por Enrique Peña Nieto como director general del INEGI, a petición de la empresa Industrial Minera México, incorporada a Grupo México, canceló las operaciones de búsqueda de los 63 cadáveres, con el argumento de que la excavación era inestable, había importantes emanaciones de gas que
podrían ocasionar un nuevo desastre y también que en el interior el agua estaba contaminada por la descomposición natural de los cadáveres.

Familiares y activistas de los derechos laborales reclamaron a las autoridades comprobar dichos argumentos, lo cual nunca ocurrió, y entonces cobró fuerza la versión de que para Grupo México resultó más barato clausurar la mina y dejar adentro a los trabajadores, que responder por las condiciones de trabajo inhumanas que los expertos iban a descubrir si continuaban con la búsqueda.

“Muchos mineros en Pasta de Conchos murieron sentados, esperando ser rescatados. Cuando se abra la mina, porque estoy seguro que algún día las familias van a lograr que se abra la mina y sacar a sus seres queridos, van a comprobar que muchos murieron en espera de ser rescatados”, le dijo a quien esto escribe el obispo Raúl Vera López.

En 10 años, si algo se han construido, son versiones sobre lo que pasó en la carbonera, y mientras, continúa el debate respecto a la reapertura del yacimiento, para tratar de encontrar los restos humanos, lo único que no está permitido es el olvido.
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