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Ricardo Raphael
Ricardo Raphael
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Licenciado en Derecho por la UNAM. Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela Nacional de Administración (ENA) de la República Francesa. Estudios Doctorales en Economía Política y Políticas Comparadas por la Escuela para Graduados de Claremont, California, EU. Secretario General de Democracia Social, Partido Político Nacional. Representante ante el Consejo General del IFE del partido México Posible. Coordinador de la Comisión Ciudadana de Estudios para Eliminar y Prevenir la Discriminación. Actualmente es profesor afiliado a la División de Administración Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Conductor del Espiral, programa de análisis político dominical del Canal 11. Analista Político cotidiano del Noticiero Enfoque de Núcleo Radio Mil. Analista semanal del noticiero nocturno de Proyecto 40. Co-conductor del programa Claves, también de Proyecto 40. Integrante de la mesa editorial de la Revista Nexos. Miembro del Consejo Consultivo de Conapo. Cuenta con diversas publicaciones en temas relativos a: La transición democrática. La función pública. El sistema de partidos. Los derechos. La ciudadanía.

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25 Octubre 2018 04:00:00
¿Pastel de chocolate o flan de vainilla?
No es como si me consultaran sobre qué postre prefiero: para esa decisión estoy más que preparado. Debo confesar, en cambio, la inseguridad que me provoca opinar sobre la ubicación del aeropuerto más importante del país y, de paso, sobre la cancelación de un proyecto que lleva más del 30% de avance.

En principio me gusta la idea de la consulta para temas relevantes, pero debo precisar que valoro las consultas informadas sobre las desinformadas y temo que el ejercicio que da inicio hoy, a propuesta del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, es del segundo tipo.

Cuando me ruboriza opinar sobre cuestiones que no sé, mejor recurro a los expertos. No es mala práctica para una democracia reconocer la voz de quienes han dedicado tiempo y energía para investigar un tema que requiere cierto nivel de especialidad. Si un mal aqueja al corazón es prudente acudir al Instituto Nacional de Cardiología que con un chamán del mercado de Sonora.

Fiel a esta práctica, he confeccionado una lista de fuentes serias en el debate público, cuya opinión me sirve para formar la mía, al respecto de la disyuntiva entre los aeropuertos de Texcoco y Santa Lucía. También, de acuerdo con la moda de mi tiempo, he puesto estrellas a la calidad de la voz consultada, en función de su experiencia concreta, la antigüedad en el sector y los intereses económicos o políticos que podrían nublar su juicio.

Según mis notas, se han manifestado a favor de la opción Santa Lucía la empresa Navblue, la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), el Grupo Riobóo y el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador. En favor de continuar con la opción Texcoco están el Colegio de Pilotos Aviadores de México, el Colegio de Controladores de Tráfico Aéreo, el Colegio de Ingenieros Mexicanos de Aeronáutica, la Cámara Nacional de Autotransportes, la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores, el Centro para el Desarrollo de Sistemas Avanzados para la Aviación de la Corporación Mitre, la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), la organización A4A y el Presidente en funciones, Enrique Peña Nieto.

Más allá de la asimetría notoria en el número de apoyos que despierta la alternativa, vale la pena realizar valoraciones cualitativas. A 24 horas de que comenzara la consulta, la empresa Navblue hizo público un reporte donde precisa que son compatibles la operación del actual aeropuerto de la CDMX con la navegación de Santa Lucía; en concreto, confirma la factibilidad de maniobras aéreas simultáneas. Advierte Navblue, sin embargo, que no pudo evaluar otros elementos clave de Santa Lucía, como la conectividad, infraestructura a desarrollar o sistemas de control de tráfico aéreo; es decir, su análisis es incompleto.

Por otro lado, debe saberse que Navblue es una compañía fundada hace sólo dos años, la cual no se especializa en la construcción de aeropuertos, sino en el desarrollo de tecnología para mejorar el uso de combustible de los aviones.

Contrasta OACI, organismo creado por la ONU hace 74 años para estudiar y solucionar problemas de aviación civil. El estudio que esta instancia entregó al Gobierno en 2013 dice que, sin haber hecho un estudio riguroso sobre Santa Lucía, en principio ve ambas opciones como positivas, aunque tiende a favorecer Texcoco porque sería más eficiente la compatibilidad de trayectorias para el despegue y el aterrizaje de las naves.

El Grupo Riobóo tiene una larga experiencia en la supervisión y construcción de obra civil, pero no consta en su expediente laboral nada relacionado con la proyección o edificación de aeropuertos. Con respecto al presidente López Obrador –igual que ocurre con el presidente Peña Nieto (y conmigo mismo)–, su conocimiento de la aeronáutica se define en la experiencia limitada del pasajero. En cambio, merecen suficiente respeto para opinar sobre este tema los colegios de pilotos, controladores, e ingenieros aeronáuticos. También son atendibles las valoraciones de la Cámara del Autotransporte, pero en particular de la corporación Mitre, porque a diferencia de Navblue, se trata de un organismo sin fines de lucro y es una autoridad reconocida mundialmente por su solvencia técnica en la construcción de aeropuertos.

Igual vale la pena escuchar a la organización A4A porque, a pesar de que tienen intereses económicos, entre sus integrantes están las principales líneas estadunidenses que dan servicio en México, como por ejemplo American Airlines o United.
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