×
Dalia Reyes
Dalia Reyes
ver +
Comentarios a: [email protected]

" Comentar Imprimir
03 Agosto 2018 04:00:00
Pay de queso
Aprendí a hacer pay de queso en las condiciones menos propicias para tener éxito, sin embargo lo tuve, aunque la sociedad no registró el hecho por vivir yo remontada entre el bosque, a modo de Caperucita Roja. Así, mi ingreso a la élite femenina decente quedó sin mayor registro que mi palabra y el molde vacío.

Cada tradición cultural ha impuesto a las mujeres diversos tributos por la entrada a la enciclopedia nacional de las damas; el culinario es una marca social indeleble que parte la historia femenina: Antes y después de hacer tortillas; antes y después de hornear pastel; nunca hice mole.

Las marcas culturales son un curioso juego de estática en movimiento, una paradoja. Donde parece mantenerse la tradición sobre las acciones características de una mujer “como Dios manda”, en realidad corre un río revuelto del cual apenas nos damos cuenta si sobrevivimos a la curiosidad de ir más profundo que el seguimiento a ciegas.

Hacer tortillas de harina es, sin duda, la acción decisiva para coronarse una mujer simple como dama digna de hombre. Tan relevante es el acontecimiento de poner en la mesa semejante manjar, que la negación del acto se volvió estandarte en la lucha por la liberación femenina: Afirmar la indisposición para quemarse las pestañas en el comal, siendo que doña Chelo, la de la tienda, las vende buenas, bonitas y baratas, fue un acto de rebeldía muy loable.

De alguna manera la historia nos volteó esa tortilla: Las mujeres liberadas tienen ahora entre sus más finas cualidades el saber moverse en la cocina, y estoy hablando, todavía, de arte culinario y no del Kamasutra. Así las cosas, tener tortillas calientitas, hechas en casa, es un sello gourmet y, en lugar de esclavitud, convierte a la mujer en versátil, capaz y hasta amorosa. Qué importa si fueron hechas con harina preparada –casi como hacer hot cakes- o se trató de esas precocidas maravillosas y muy fáciles de encontrar: Lo importante es la actitud.

Eso mismo, la marca femenina referente a cocinar ahora se trata de actitud, más que de laboriosidad. Claro, cuando mi primer pay de queso lo batí a mano, deshice uno por uno los grumos de Philadelphia, quebré la galleta, suavicé la mantequilla, batí los huevos. Ya cocinado, se terminó en un santiamén, igual como sucede ahora cuando licuo todo y lo vacío en una base comercial. ¿Cuál es la diferencia? La actitud, nada más.


.(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo)
Imprimir
COMENTARIOS



  • 0
5 6 7 8 9 0 1 2