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David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
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17 Octubre 2016 04:00:00
Payasos siniestros: entre la broma y la maldad
Desde hace algunas semanas los “payasos siniestros” han dominado los encabezados de muchos diarios en varios países, entre ellos México. Las historias de personas que, disfrazadas de estos personajes han asustado y hasta llegado a causar daño a otras, se han disparado recientemente.

Al parecer el origen es éste: “Las apariciones de payasos en Estados Unidos tomaron un aspecto siniestro en agosto en Greenville County, Carolina del Sur, con reportes de que gente vestida de payaso estaba ofreciéndole dinero a los niños para intentar atraerlos al bosque” (The New York Times, 13 de octubre de 2016).

La idea de atemorizar a la población de esta forma no es nueva, pues, de acuerdo con el articulista español Pablo Cantó “esta no es la primera vez que comienza una oleada de avistamientos de payasos en Estados Unidos: ha habido otras similares en 1981, en 1991 y en 1997. Y todas ocurren pocos meses antes de Halloween” (El País, 7 de octubre de 2016). Aunque el hecho de que no sea novedad no le resta peso.

Pero, ¿por qué utilizar la figura del payaso para molestar a quien no lo ha consentido (una cosa es decidir libremente ver una película de suspenso o asistir a un espectáculo de terror, y otra muy distinta es asustar a alguien nada más porque sí, sin su autorización)? y ¿por qué dañar a alguien más?

Parece que en las respuestas a estos dos cuestionamientos podemos encontrar algo mucho más preocupante que las causas de este fenómeno transitorio, “de moda”.

Por una parte, el goce y control frente al sufrimiento ajeno; por la otra, una “sofisticación” en el modo de cometer delitos.

La explicación a lo primero puede resumirse así: 1) la “coulrofobia”, que es el miedo irracional a los payasos, presente en ciertas personas, y del que se aprovechan; 2) el impresionante impacto psicológico y sociológico que ya ha trascendido por generaciones, de la película norteamericana Eso, basada en la novela de terror del mismo nombre, de Stephen King publicada en 1986, la cual nos ha familiarizado con la idea de la posibilidad de que los payasos sean seres malignos (por cierto, está por estrenarse una nueva versión de esta película y hay quienes aseguran que todo es propaganda para venderla), y 3) las redes sociales, particularmente YouTube y su canal DmPranksProductions, en donde se han popularizado muchos videos “de bromas” en los que aparecen seres disfrazados de payasos, portando herramientas como sierras, hachas o martillos, generalmente en lugares solitarios y de noche, intimidando y generando pánico a quienes pasan por ahí, lo que muy probablemente ha influenciado y dado ideas a algunos usuarios de Internet.

En cuanto a lo segundo, con respecto a por qué algunas personas dañan a otras tiene una explicación más sencilla. Son delincuentes que, disfrazados de payasos o no, hubieran cometiendo conductas ilegales.

El hecho de que alguien se disfrace de payaso para afectarle la vida a alguien más, ya sea de modo superficial o sustancial, no es lo más trascedente (bien podría disfrazarse de hombre lobo, enfermera siniestra, muñeco diabólico o de la famosa niña que sale de un pozo).

Lo más trascendente –y grave–, y lo que no debe dejar de asombrarnos e indignarnos, es la existencia de personas, de seres iguales en dignidad a nosotros, pero diferentes en el grado de conciencia, que disfrutan o simplemente necesitan causar mal a sus semejantes para sentirse bien o satisfacer algo.

Por otra parte, no pasa inadvertida aquella situación que atinadamente reflejó mi hermana Rosa cuando me dijo: “¿Y qué culpa tienen los pobres payasos de que algunos estúpidos (sic) se disfracen de ellos para asustar?”.

En efecto, después de las víctimas fatales (los muertos a manos de estos personajes, de acuerdo con algunos medios) de este irracional fenómeno, los más perjudicados son quienes se dedican al noble oficio de “ser payasos”, quienes, con ingenio, talento y buen sentido del humor, entretienen a niños, adolescentes y adultos.

La afectación a la imagen de su gremio, a su economía y a la de sus familias es innegable debido a la aparición de los “payasos siniestros”.

De ello se da cuenta en un reportaje publicado en el diario El Universal, titulado “Temen agresiones por fenómeno de payasos amenazantes”, en el que se da cuenta de la realización de un Congreso en el que habrían de participar 450 artistas provenientes de 14 países de la región, y en el que se “discutirán los efectos negativos del nuevo fenómeno” (11 de octubre de 2016).

Ahora bien, ¿qué hacer para combatir esta anormalidad? En principio, tres cosas: extremar precauciones al salir por la noche; denunciar en caso de ser testigo o víctima de algún “payaso siniestro” (para que se investigue y, si procede, se castigue), y no generalizar con respecto a todo el gremio, por el contrario, contribuir a limpiar la imagen de los buenos payasos, los que, sin duda, son la gran mayoría.
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