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Federico Muller
Federico Muller
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04 Diciembre 2020 04:03:00
Peculiaridades de la UAdeC
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La Universidad Autónoma de Coahuila se organizaba en 1957, siendo gobernador del estado don Román Cepeda Flores (1951-57). Años más tarde lograba su autonomía, para ser precisos en 1973. Tres años después nacía el Sindicato de Trabajadores (STUAC), que agremia a docentes, empleados administrativos y manuales. Desde que inició sus actividades académicas, la Universidad ha ofrecido un plan de pensiones para sus trabajadores, quienes decidían si se afiliaban al IMSS u optaban por la seguridad social estatal, a través de Dipetre, pero a partir de 1994 ese sistema dual desapareció y la única opción para el empleado que se incorporaba a la UAdeC era el Seguro Social.

Según recomendaciones de una consultaría actuarial, el fondo de pensiones del Estado se cerraba, es decir, paulatinamente se extinguiría a medida que fueran muriendo sus integrantes. Las razones técnicas, económicas y políticas de esa decisión no han sido claras y de dominio de la base trabajadora. Lo lamentable es la falta de previsión de las administraciones rectorales en no haber establecido un fondo de pensiones, calibrado con modelos estadísticos, que regularan las contrataciones, jubilaciones y pensiones, que probablemente hubiera evitado la incertidumbre que se genera entre los jubilados del Estado cada mes, sobre si recibirán su pago, devengado por varias décadas de trabajo.

Otra característica del “Alma Mater” es su estructura orgánica, con tres coordinaciones universitarias -en Torreón, Saltillo y Monclova-, las cuales representan tres pequeñas vicerrectorías, que cumplen funciones semejantes a las que realiza Rectoría y a las dependencias administrativas de la misma. Quizá en los creadores de ese añejo modelo universitario, como jóvenes, todavía quedaban ecos del movimiento estudiantil del 68, y pensaban en contrapesos al poder central, diseñando consejos universitarios en cada coordinación, que permitieran una mayor descentralización de las decisiones administrativas y políticas, acordes a las características y necesidades de cada región de la entidad federativa.

Los sueños e ideales de los estudiantes de aquella bella época han pasado, y el siglo 21 exige cambios estructurales en el ámbito académico público, uno de ellos, en la eficiencia y productividad de los recursos públicos. Las precarias condiciones socioeconómicas actuales del país demandan de las universidades públicas, la implementación de una reingeniería financiera, técnica y ética; las asimetrías en los tabuladores salariales entre los funcionarios y profesores de tiempo completo (PTC); la relación estadística entre empleados administrativos y docentes; la relación gasto corriente-inversión, son variables, entre otras, susceptibles de evaluarse y en su caso modificarse.

Desde su autonomía del Gobierno (1973), la UAdeC ha mantenido una estructura político-administrativa que considera la elección de sus rectores y directores de las diferentes facultades y escuelas, mediante el voto universal, secreto y directo sufragado por  maestros y alumnos. En la década de los 70, varias universidades públicas del país tenían un sistema político parecido a la Universidad que nos ocupa; no obstante, con el transcurrir del tiempo, esa forma de gobernarse casi ha desaparecido del contexto de educación pública superior en México.

Ese sistema tiene la particularidad de no incluir a los trabajadores no académicos en la justa electoral, ni de ponderar el sufragio emitido. Tiene el mismo “valor”  el voto de un alumno de preparatoria, por lo general menor de edad, que el de un maestro investigador con posgrado, se contabilizan por igual en los procesos electorales, que sin duda pueden quedar expuestos a intereses políticos extrauniversitarios. Modelo de gobierno, sin duda sui géneris para nuestra época por la serie de cambios vertiginosos que han ocurrido en el campo de la administración de la educación y en el avance de la democracia.
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