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Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre "Catón"
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09 Septiembre 2014 04:10:57
Peligrosa cacería
Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, le dijo a un amigo: “Te invito a una orgía hoy en la noche.

Trae a tu esposa”.

Preguntó el otro, interesado, pues era también dado a las carnalidades: “¿Cuántos vamos a ser?”.

Respondió Afrodisio: “Tres, contándote a ti”... Los dos cazadores se disponían a emprender la peligrosa cacería del oso.

Uno de ellos se sentó en el suelo y empezó a ponerse unos zapatos especiales para correr.

El otro rió, divertido.

“No me dirás que con ese calzado esperas correr más aprisa que el oso si éste nos persigue”.

Respondió el otro: “No espero correr más aprisa que el oso.

Lo único que espero es correr más aprisa que tú”... El señor cura quería aprender a jugar golf.

Se compró la ropa indicada y el mejor equipo que encontró.

Cuando llegó la mañana del sábado se dirigió feliz al club de golf y contrató los servicios de un caddie para que lo acompañara a hacer el recorrido.

Lleno de animación el padrecito puso la pelota en el tee y se dispuso a hacer el primer tiro.

¡Zas! Falló una vez.

¡Zas! Falló otra.

¡Zas! Falló por tercera ocasión.

Mohíno y avergonzado, la cabeza hundida en los hombros, se quedó en silencio rumiando su enojo y frustración.

Con tono de reproche le dijo entonces el muchacho: “Señor cura: Éste es el silencio más maldiciento que he oído en toda mi vida”... Comentaba doña Chalina, mujer dada a chismes y cotilleos: “Yo sé guardar un secreto.

Mi problema es que la gente a la que se lo cuento no lo sabe guardar”... Una señora les comentó a sus amigas en la merienda de los jueves: “Mi marido tenía problemas para conciliar el sueño, pero tomé un curso de hipnotismo y he podido ayudarlo.

Simplemente me dirijo a cada una de las partes de su cuerpo.

Les voy diciendo: “Cabeza y cuello: Duérmanse... Tórax: Duérmete... Brazos: Duérmanse... Cintura: Duérmete... Muslos: Duérmanse...”. “Te saltaste algo” -le dijo con pícara sonrisa una de las amigas. “No -replicó la señora-.

Eso ya lo tiene dormido desde hace mucho tiempo”... Afrodisio, hombre salaz, estaba en el hospital, vendado de la cabeza a los pies cual momia egipcia.

“¿Qué te sucedió?” -le preguntó un amigo, consternado.

“Pie de atleta” -respondió Afrodisio con feble voz que apenas el amigo alcanzó a oír.

“¿Pie de atleta?” -repitió éste con asombro-. No es posible que estés así por pie de atleta”.

Sí es posible -confirmó Afrodisio con lamentoso acento-.

“Un profesional del kick box me sorprendió haciéndole el amor a su mujer, y me agarró a golpes y patadas”... Cuentas alegres hacen los voceros oficiales en torno de nuestra economía.

Sin embargo las cosas son muy tristes para la inmensa mayoría de los mexicanos.

Mejorará su condición, dice el Gobierno, cuando empiecen a surtir efecto las reformas que se han hecho, especialmente la energética y la fiscal.

Yo me pregunto, junto con millones de compatriotas, cuándo empezarán esas reformas a traducirse en una vida más digna para quienes sufren marginación, pobreza.

Si esos efectos no se advierten pronto la población se irritará y se cobrará en las urnas los agravios que el régimen actual le infiera.

Ahí está López Obrador, el hombre que sabe esperar, esperando a ver pasar el cadáver de las reformas hechas por sus adversarios.

Hubo un encuentro de obispos en un hotel de la ciudad.

El primer día de los trabajos la mañana se presentó fría y nebulosa.

Uno de los obispos le pidió al joven mesero una taza de chocolate bien caliente.

Le dio un trago y exclamó con un suspiro de satisfacción: “¡Ah! ¡No hay nada mejor en un día frío que una buena taza de chocolate!”.

Comentó el mesero: “Con el mayor respeto, su excelencia, yo puedo decirle que hay cosas mejores que un chocolate para quitar el frío”... El oso polar le dijo muy enojado a su hembra: “Icelia: el hecho de que seas osa polar no justifica que seas frígida”... Comentó la esposa de don Languidio: “A mi marido le digo ‘El Jabón Neutro’.

No tiene ningún ingrediente activo”... Una pareja de casados, mexicanos ellos, lograron por fin la ciudadanía americana después de varios años de vivir en el país del norte.

Al salir de la oficina gritó el marido jubiloso: “¡Ya somos ciudadanos de Estados Unidos!”.

“Sí, -confirmó ella con determinación-.

Hoy en la noche yo arriba y tú abajo, y mañana te tocará lavar los platos”... FIN.
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