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Antonio Navalón
Antonio Navalón
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Periodista, voyerista de la vida y vendedor de libros. www.antonionavalon.com

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29 Marzo 2011 03:00:33
Peña Nieto-Ávila
Nunca se sabe dónde puede estar la mano de Dios. Eran los momentos en los que Arturo Montiel, ¿quién se acuerda de Montiel?, tenía que elegir a su sucesor; en la mesa tenía dos candidatos: Eruviel Ávila y Enrique Peña Nieto. Sin embargo, como dicen los creyentes, no estaba de Dios. Una enfermedad terrible, una biopsia y un fallo médico se encargaron de hacer fácil la elección de Montiel, el candidato sería Enrique por la imposibilidad física de Eruviel.

Confieso que la resolución del final del proceso de la designación del candidato del PRI al Estado de México, por una parte, y la consulta ciudadana, por otra, me llena de optimismo.

Somos una sociedad que pese a todo se mueve. Estamos vivos. Pase lo que pase, no basta ya con tomar decisiones basadas en lealtades tecnocráticas absolutas; ejemplo de ello, Luis Videgaray. Los políticos saben que a partir de aquí no sé si será todo mejor, pero sí será mucho más complicado.

Eruviel Ávila, que recuperó la salud, era el más político y —en el escenario de la repetición de las alianzas— el candidato neto natural para ganar la elección en el Estado de México. No quiero decir que Ávila haya sido nombrado por Peña Nieto y confirmado por el PRI sólo porque se podía ir con los de enfrente; me parece que es una sensata y sabia decisión porque a final de cuentas el Alcalde de Ecatepec, el que le arrebató al PAN esa posición, es un político que conoce y domina la estructura política de su estado y no es un invento de un guión de una película o telenovela o simplemente la lealtad de ser amigo del jefe como le sucede a otros candidatos.

Alfredo del Mazo, alcalde de Huixquilucan, tiene más aspecto de ministro del gabinete británico que de político mexicano y se queda a las puertas, no por él, sino por su padre. El ex gobernador del Estado de México, el hombre que casi fue presidente, trae un conflicto histórico con otros ex gobernadores, lo que amenazaba la unidad interna priísta si era el elegido. Otra vez será.

Repito, el proceso ha sido bien formulado y ejecutado. Ahora veamos de qué se enteró, en esta segunda oportunidad, Eruviel Ávila sobre qué hacer, cómo y dónde, sin romper la lealtad y la vinculación con su amigo Peña Nieto, pero sí marcar una diferencia política con el que de ganar la elección en junio de este año, sin duda, tendrá una posición claramente definitiva para consolidar la presidencia en 2012.

¿Y la Alianza Ciudadana? Pues es una pena que todo ese ejercicio democrático y lección del buen hacer político, a cargo de Manuel Camacho, por ejemplo, en conseguir que el PAN aceptara como candidato de la alianza, en caso de darse, a Alejandro Encinas, tenga que ser reducido a cenizas porque López Obrador no aceptará ninguna encuesta, consulta o elección que no proclame que él es el verdadero, la razón democrática y que sólo él puede acabar con la mafia.

Como ya se precipitó a declarar en las horas inmediatas, da lo mismo el resultado de cualquier elección, Obrador no está dispuesto bajo ningún concepto a permitir que nadie, salvo él, sea el candidato a presidente y aunque la Alianza pudiera ganar —que según los datos podría y dependiendo del candidato— al PRI, eso no pasará porque la razón de Andrés Manuel puede más que la conveniencia política de alterar una historia que parece escrita.



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