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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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24 Noviembre 2014 05:06:44
Peña… o cuando estalla la burbuja
Nuestra clase política, de todos los colores partidistas y signos presuntuosamente ideológicos, tiene una marcada tendencia a construir burbujas, y una vez en el poder, en cualquiera de los tres niveles de gobierno, se encierra dentro de ella. Todos, en mayor o menor intensidad, hemos sido testigos de cómo el andamiaje gubernamental suele marchar por un sendero distinto al de los reales intereses sociales o cómo la simulación y mera administración de los conflictos, termina, tarde o temprano, por distanciarse de la problemática que afecta de manera directa a los ciudadanos.

Basta con ser mexicano y tener más de dos neuronas funcionales para entender que eso de que el país sufre una clase político-gobernante muy rebasada por la realidad resulta verdad de perogrullo y que por desgracia, pese a todas las evidencias de la acelerada descomposición de todas las “instituciones” y la creciente irritación social, parece anclada en sus propios vicios, aferrada a los esquemas que sólo funcionan bien dentro de la burbuja.

Bueno, pues el que algunos llaman México profundo y otros simplemente la realidad, terminó por romper la burbuja en que se encuentra el grupo que rodea a Enrique Peña Nieto y cuando éste asoma el rostro para ver por fin lo que realmente le rodea, simplemente no sabe qué hacer.

Una lectura simple y lineal sería que la torpeza es hoy el signo característico, y eso de suyo es grave, pero más grave aún lo que se mueve bajo la superficie.

Primero, habría que recordar que los que hoy gobiernan, “los que sí saben” anclaron con hierro el juego de que “la forma es fondo”, la simulación del impero de la ley y la administración de los conflictos para que nada rebasara cierto límite. Se construyó “la dictadura perfecta”, pero la que refiere Mario Vargas Llosa y no precisamente la que caricaturiza Luis Estrada.

Nunca se combatió la corrupción e impunidad, pero se cuidó que en las formas, éstos vicios no terminaran por cortar los hilos con los que se manejaba el poder. Que nadie ni nada se saliera del guacal y así a caminar, hasta que se topó con las exigencias de un mundo globalizado que obligó a bajarle tres rayitas a la simulación y subirle dos a la pretendida imagen del México democrático y plural.

Llegó el PAN a Los Pinos y ya ni siquiera una administración eficiente del conflicto y que nadie ni nada se saliera del guacal. La realidad terminó por desbordar los muy priistas canales de contención y todo lo que se mantenía bajo la superficie, simplemente reclamó la luz del día, los reflectores.

Ése es el país del que, de la mano de Enrique Peña Nieto, el PRI retomó las riendas hace dos años. Lo grave es que no se entendió que resultaba punto menos que imposible el implantar esas viejas fórmulas que les funcionaron durante décadas. El país ya no respondía igual a la simulación, ni toleraba los altísimos niveles de ineptitud, corrupción e impunidad. Pero eso no se podía ver desde el interior de la burbuja, y si alguno lo logró, se cuidó de no actuar en consecuencia.

El costo también es otro. Ningún otro presidente recibió tal cantidad de baños de realidad en tan poco tiempo. En menos de dos meses, Ayotzinapa y el escándalo por la “Casa
Blanca” le arrebataron la iniciativa y hoy está reducido a simplemente un Mandatario reactivo que da tumbos.

Enrique Peña Nieto encuentra una suerte de complot, advierte esfuerzos orquestados por siniestros intereses para desestabilizar su proyecto de nación. Hace bien el que le recuerda que para poder desestabilizar, el objeto debe estar estable, y México no lo está.

No, no se trata de torpeza, es algo aún mucho más grave. La burbuja estalló y los que estaban adentro simplemente no saben qué hacer. No han sido capaces ni siquiera de dimensionar con justicia la gravedad y alcances de lo que sucedió en Ayotzinapa y no atinan en articular un discurso coherente y creíble ante cuestiones que hasta hace algunos años, hubieran reducido y acotado de inmediato. La “solución” a la exhibida por la “Casa Blanca” de Las Lomas es ejemplo claro.

Peña Nieto le pide a su esposa Angélica Rivera que aclare. Ésta sube un video en YouTube con “precisiones” que tiene casi 3 millones de vistas. Televisa lo pasa íntegro, cuando no sacó al aire ni una línea de la denuncia del grupo que encabeza Carmen Aristegui. En el mismo portal de videos podemos encontrar las burlas, ironías y sarcasmos contra la primera dama, como la de Sid Vela, en su caracterización de “Galatzia” con casi 3 millones y medio de vistas. O la del famoso bloguero mexicano, “Werevertumorro”, con casi 1 millón 400 mil vistas. La respuesta no fue creíble y sólo abrió las puertas a la burla y el escarnio social, en la misma plataforma que escogieron para la defensa.

Es muy grave esa incapacidad manifiesta de enfrentar una realidad que durante décadas alimentaron y la desgracia que ante los vacíos gubernamentales, la llamada “sociedad civil”, los ciudadanos no tengamos ninguna herramienta para poder cubrirlos. México está a la deriva y tenemos un capitán que no sabe qué hacer, pero de sus decisiones depende en gran medida el futuro cercano de todos.

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