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Armando Luna Canales
Armando Luna Canales
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31 Agosto 2016 04:09:44
Peña o el político
Retomo una idea de Ortega y Gasset para decir que muchos de los problemas de nuestro país derivan de no distinguir entre ideas y arquetipos. Es decir, entre la forma en que estimamos que las cosas deben ser y como inevitablemente son. Si buscamos en las cosas el arquetipo en vez de un absurdo ideal, evitaremos muchos de los problemas que hoy padecemos.

Suele pensarse que un gran político debe ser también una buena persona, en el caso concreto, además un riguroso investigador e intelectual. Pero debemos preguntarnos qué es lo que en realidad debe calificarse en el desempeño del político. Es conocer de memoria títulos y autores, es presentar una tesis de licenciatura con honores y los más altos estándares académicos o es organizar al Estado para alcanzar sus fines.

Cuando en México los años de escolaridad promedio no llegaban más allá de la primaria y ya ser un bachiller era credencial para representar los más altos intereses de la nación, una tesis de licenciatura era la obra máxima de investigación de muchas personas.
Pero eso fue hace siglos. Hoy millones tienen este grado académico universitario y la mayor parte conseguimos este título sin un trabajo de investigación.

Hace días se anunció con bombo y platillo un reportaje que cimbraría a la nación. Nos dirían por qué la reforma educativa carecía de legitimidad. El resultado fue hurgar en una biblioteca universitaria para calificar 25 años después el trabajo para terminar la licenciatura del presidente Enrique Peña.

Esta calificación termina con un rudo calificativo de plagio. La verdad es que, en el peor de los casos, pudiéramos calificar este documento por una falta de rigor académico.

Lo que sí me llamó la atención es que en alguna parte leí que quien calificó ese trabajo, hace dos décadas y media, dice que el contenido era original y que lo de ahí se plantea es parte de las vigentes reformas estructurales planteadas e impulsadas por este Gobierno.

Los mexicanos contratamos a un hombre que encabeza el esfuerzo para mover a México. No contratamos a un maestro universitario para hacer trabajos de investigación. Me queda claro que a Enrique Peña lo debemos calificar como lo que es, un político cuya encomienda es organizar y en su caso transformar al Estado. Mientras lo quieran calificar como si fuera un aspirante a un grado de doctor, estaremos desperdiciando la oportunidad de calificar su papel, como Ortega y Gasset escribe de Mirabeau, que fue injustamente señalado por ser una persona inmoral. Ve en este hombre al arqueotipo del político. Alguien destinado a organizar al Estado. Nos dice lo injusto que es calificar a un hombre de Estado con las medidas de uno que no lo es. Así como es injusto e indebido calificar al Jefe del Estado mexicano por un trabajo de licenciatura de hace 25 años, en vez de hacerlo por el alcance del impulso para transformar y mover a nuestro país, es decir, por su trabajo político.

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