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Ricardo Alemán
Ricardo Alemán
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08 Febrero 2017 04:00:00
¡Peña y Trump! ¿Quién chingó a quién?
No es nuevo hablar de la percepción opuesta que tiene un sector de la prensa mexicana, frente a otro segmento de la prensa norteamericana, sobre la escaramuza entre Peña y Trump.

Es curioso que mientras la prensa norteamericana dice que Peña es un político sólido que derrotó a Trump, medios y periodistas mexicanos quieren ver y hacer creer que el Presidente mexicano es “un pelele” de Trump.

Tampoco es nuevo –en prensa y en medios mexicanos–, que quienes hacen todo por demoler la imagen de Peña Nieto son los mismos de siempre –los idiotas útiles y la legión de idiotas– que día a día promueven el fracaso de la democracia mexicana, desde hace 25 años, cuando apostaron a la caída de los gobiernos de Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y que, hoy, apuestan a la caída de Peña; los mismos que pretenden imponer en México un Gobierno como el de Cuba o Venezuela.

Lo nuevo –la novedad– es que luego de 25 años de reiterados fracasos –Cuba y Venezuela son emblema del fracaso–. los de siempre muestran la fea enfermedad social tipificada de manera magistral por José Emilio Pacheco; “de viejos son todo lo que combatieron a los 20”.

Y es que a propósito de los choques entre Peña y Trump, los de siempre han tratado de imponer un debate aniñado que –a toda costa–, quiere ganar, tener la razón e imponer puntos de vista, al tiempo que busca ridiculizar a Peña Nieto. Claro, a pesar de que el objetivo no han sido Salinas, Zedillo, Fox, Calderón o Peña, sino destruir la democracia mexicana.

Y si dudan del debate de párvulos e infantes que pretenden insertar en la opinión pública, revisen momentos cruciales de la pelea entre los mandatarios.

1.- El primer escándalo –y juego infantil– se produjo cuando Peña decidió dialogar con el entonces candidato republicano al Gobierno de Estados Unidos. Los de siempre se transformaron en doctos de la relación México-EU y apalearon al Presidente mexicano.

Resultó ridículo que los de siempre y muchos otros –enfundados en la bandera de la candidata Clinton–, satanizaron al Presidente dizque por tomar partido, ayudar a Trump y traicionar a la patria. En efecto, en Los Pinos se equivocaron al dar trato de jefe de Estado a Trump, pero acertaron en el diagnóstico. Trump sería Presidente. Y cuando la hipótesis se confirmó –y quedó claro que en Los Pinos hicieron la lectura correcta– “los mariachis callaron”. No sabían dónde meter la cabeza. ¡Y nadie aceptó el error!

2.- Luego vinieron amenazas, insultos y la toma de posesión de Trump. Ofendidos, los de siempre y su claque emergente urgieron a Peña Nieto al diálogo –el mismo que combatieron meses antes– y exigieron que el Presidente respondiera igual que Trump: a mentadas de madre.

El Gobierno de México se mantuvo calculador, a pesar de las amenazas de tirar el TLC y de construir el muro. Por eso acudió a La Casa Blanca un grupo de negociación, al tiempo que Trump fijó fecha para dialogar con Peña. Para entonces quedó claro que México “chamaqueó” a Estados Unidos y a Canadá con el TLC; tratado que combatieron los de siempre hace 25 años y que ahora defendieron a rabiar.

Sin embargo, cuando el equipo de los dos países iniciaban el diálogo, Trump firmó una orden ejecutiva para iniciar la construcción del muro que, dijo, pagaría México. El Presidente mexicano respondió con un rotundo “México no pagará nada”. Y Trump reviró con la amenaza de cancelar el encuentro. Pero Peña se adelantó y canceló el encuentro. A pesar del éxito del Presidente mexicano –y que los medios norteamericanos así lo leyeron– los de siempre y su claque mediática apalearon de nuevo a Peña Nieto.

3.- Luego vino la llamada telefónica entre Peña y Trump. Para entonces ya era sabido que el sátrapa es un mitómano y que su equipo de trabajo está dominado por fascistas. A pesar de esos antecedentes, los idiotas útiles y los de siempre difundieron la mentira envenenada de que Trump ofendió y maltrató al Presidente mexicano y que impuso la idea de que tropas del vecino llegarían a México para combatir el narcotráfico.

Tamaña estupidez derramó el vaso. Nada era serio. Aún así, la legión de idiotas y los idiotas útiles movieron la pesada rueda de molino de la traición a la patria. ¡Peña traidor..! Pero el espantajo convenció a pocos. Y en medio de la risa loca por la monumental estupidez, los de siempre y su claque saltaron de gusto cuando Trump se aventó “la última mentira de la cumbancha”, en medio de las carcajadas del respetable.

Dijo Trump que Peña estaba “dispuesto a colaborar…”

Y vino el aquelarre. “¡ya ven… ya vieron… lo dijo Trump… es cierto, Peña Nieto traidor…!” Juego de niños.

¿Quién chingó a quién, entre Peña y Trump?

Al tiempo.
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