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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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11 Junio 2017 04:01:00
Pensemos en Coahuila
Al término de unas disputadas elecciones que atrajeron sobre Coahuila las miradas y el interés de los medios de comunicación nacionales, después de un criticado retraso en el conteo, luego de anuncios de impugnación y de manifestaciones masivas a favor de uno y otro candidato, ¿cuál es el saldo del reciente proceso electoral?

Atípico e inédito por el número de aspirantes al Gobierno estatal y lo cerrado de las votaciones, el proceso deja varias lecciones. Una de ellas, el debut en el panorama informativo de las redes sociales. Esta es la primera vez que las redes juegan un papel importante en el estado. Si bien se transmitieron por ellas ingentes montones de basura, calumnias, insultos y noticias falsas, sería un error ignorar su impacto.

Ahora, cuando los periódicos sustentados en papel enfrentan una crisis y la televisión registra una rápida reducción de televidentes, las redes sociales llenaron los huecos. Sin suplir a los medios tradicionales, influyeron en amplios sectores juveniles que no leen periódicos y hace tiempo dieron la espalda a la tele. No es aventurado pensar que las redes fueron un elemento decisivo en el incremento de votantes. Un estudio serio al respecto pudiera arrojar datos interesantes y muy útiles en el futuro.

También llamó la atención cómo medios considerados solventes y de prestigio abandonaron la objetividad y tomaron partido. Hubo algunos de probada solidez que difundieron noticias falsas, de inmediato desmentidas por quienes resultaban afectados por ellas. En otros tiempos, un yerro de esta magnitud tenía al interior de los periódicos gravísimas consecuencias.

Hay ejemplos paradigmáticos. Años atrás, al entonces director de The Washington Post, Ben Bradlee, una reportera llamada Janet Cooke le “coló” un reportaje que incluso le valió un Premio Pulitzer. Tras una concienzuda investigación, Bradlee probó que Cooke había inventado gran parte de la historia. El periódico no se conformó con el cese fulminante de la reportera, en primera página pidió disculpas a sus lectores publicando los resultados de la investigación. Por su parte, Bradlee lamentó hasta su muerte, a los 93 años, aquella pifia profesional.

Ahora es usual que los periodistas reproduzcan las peores falsedades siempre y cuando salgan de la boca de alguien que en ese momento es noticia. Y no se trata de la llamada “verdad periodística –así lo dijo, así lo escribí–, sino de  gravísimas calumnias publicadas sin tomarse la molestia de investigar datos para sustentarlas  o desmentirlas.

Durante la guerra verbal desatada por los contendientes y los partidos, hubo también señalamientos que deben ponernos en alerta. Fueron aquellos ataques y señalamientos con inocultable tufo racista o clasista. Se hicieron referencias en tono despectivo al color de la piel o el del cabello de algunos actores políticos. No faltaron tampoco quiénes, nostálgicos del marxismo, imaginaron una lucha de clases entre los desposeídos de cierto partido –no se atrevieron a escribir proletarios– y las personas pertenecientes a las clases medias o altas –se les atragantó la palabra burgueses–, militantes con banderas de distinto color.

¡Cuidado! Tales discursos alientan rencores y divisiones, y rencores y divisiones es lo que menos necesita Coahuila para enfrentar con posibilidades de éxito los próximos seis años. Terminado el proceso, cuando los tribunales digan la última palabra, empecemos a pensar en Coahuila, ya no en siglas partidistas.
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