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Rafael Loret de Mola
Rafael Loret de Mola
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Rafael Loret de Mola Vadillo (Tampico, Tamaulipas; 25 de octubre de 1952). Periodista y escritor mexicano, conocido por ser uno de los más serios críticos del sistema político mexicano. Sus libros, muchos de los cuales han sido best-sellers, contienen información confidencial sobre numerosos actores políticos de México. Jamás ha sido desmentido públicamente.

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11 Mayo 2017 04:00:00
Peor que el pasado
Hasta hace unos años, por lo general, estaba muy mal visto el nepotismo y era motivo de recriminación permanente por parte de una oposición farisea; salvo unas cuantas excepciones, como las de los hijos de los presidentes Lázaro Cárdenas y Miguel Alemán, recrudecidas con José López Portillo y sus “orgullos”, la tendencia era evitar la instalación de clanes substitutos de los viejos cacicazgos que habían puesto en jaque a la posrevolución.

Ahora las cosas han cambiado y casi se exige un linaje –el pedigrí político-, para garantizar las carreras de la infamia dentro del sector gubernamental. Y no es todo: Entre la nueva aristocracia mexicana se teme cualquier modificación a las líneas trazadas de antemano bajo el argumento de que sólo un pequeño grupo de autócratas tiene capacidad para gobernar a un país tan extenso y plural como el nuestro. Falacias al calor de los peculados ilimitados y las alianzas soterradas con el crimen organizado, dominador, en buena parte, del territorio nacional.

En una de sus escasas apariciones públicas –una por día cuando más-, el señor Peña Nieto, cruce de dos cacicazgos mexiquenses, los de Arturo Montiel Rojas (a) “el intocable” y el de Alfredo del Mazo González cuyo heredero está próximo a recibir un nocaut épico, aseveró que la violencia “del pasado” estaba “reavivándose” advirtiendo a los gobernadores que suyas eran las facultades para proceder y limitando los apoyos federales de seguridad a la condición de subsidiaria y temporal. Lo contrario a lo expuesto en la ley en curso sobre el tema y a la creación de la pomposa Gendarmería Nacional, brillante idea del general colombiano Óscar Naranjo Trujillo, quien presumía con haber acabado con la guerrilla de su país.

No hubo un solo gobernador, ni siquiera el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera Espinosa, que alzara la voz y recriminara al mandatario federal sus lineamientos falsarios y torpes. Mancera, sencillamente, asumió la presidencia del Consejo Nacional de Gobernadores (Conago), saludó fríamente a Peña y se dejó llevar por los halagos inducidos que tienden, por supuesto, a dividir más a la izquierda con la exaltación de un personaje que ni siquiera ha definido su militancia perredista, pero bien sabe para qué es utilizado.

Hay más violencia porque la actividad de los cárteles, alentada desde los Estados Unidos para desestabilizar al país, es mayor cerca de los comicios del muy próximo 4 de junio con ambiguas posibilidades del priísmo repudiado, en general, pero dispuesto a no ceder territorio, mucho menos a la izquierda como podría ocurrir en el Estado de México, pero tampoco a la derecha, en curso en Nayarit y Coahuila, con el basamento de derrotar, precisamente, a algunos de los peores capos políticos, los Moreira y Roberto Sandoval Castañeda.

No es casualidad lo que está pasando, sino sólo el reflejo de una honda contaminación de la cual es difícil alejarse cuando se pertenece a los grupos políticos.

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