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Dalia Reyes
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24 Agosto 2018 04:00:00
Pequeño pero mío
El otro día me reclamó mi hijo por qué no estaba entre las madres de familia que se juntaron para reclamar a las escuelas que dejan fuera a los niños cuyos padres llegan tarde, si la escuela tiene la obligación de cuidárselos, dijeron. Me defendí mostrándole las fotos de cuando estuve dando una charla para mujeres y su importante rol en el equilibrio de la sociedad. Terminada la conferencia, regresé a la casa y puse la lavadora.

Prefiero las reuniones sobrias, en donde todos los presentes conocen la finalidad del movimiento. Por ejemplo, me gustan los congresos académicos cuando no son multitudinarios, porque en esos casos, abunda gente dando bendito uso a los recursos de sus escuelas sin la presión de aprender algo en el trance. La semana pasada, por ejemplo, fui a la universidad para hablar sobre los problemas docentes frente a grupo. Hube de regresar antes de que terminara porque los horarios estaban bárbaros. Llegué del viaje en la tardecita y puse la lavadora.

Como sea, una se encuentra en todos lados personas interesadas en mejorar el tema de la educación, el problema es que andamos cada quien en nuestra tiendita y así ni cómo hacer un súper. Lo más cercano a resolver apuros es un grupo de investigación al cual pertenezco hace unos meses; aunque se achica cada vez, seguimos con la intención de resistir, todavía eso lo platicamos ayer cuando determinamos el método de análisis para las pruebas Enlace. Cuando entendí cómo manejar el programa de estadística, me regresé rapidito y puse la lavadora.

Hoy fui a dejar a mi hijo en la escuela y aprovechamos las señoras para resolver un asunto de los baños; pasé a pagar el agua y aclarar un error en el recibo, luego todas las mujeres que estábamos ahí comentamos sobre las posibilidades de ahorrarla y controlar su uso en la familia. Llegué con el contador y dije a la secretaria cómo abrir un programa de Excel y las dos nos retiramos enseguida. Después de eso, todas, pero todititas, nos fuimos a poner la lavadora.

Yo me pregunto ahora ¿qué haríamos las mujeres con todo ese tiempo que nos lleva poner la lavadora a cada rato? Ahora lo sé: Plancharíamos, porque esa cosa cotidiana y simple nos deja pensar en el resto de nuestra vida y nos recuerda lo importante que somos para mantener andando la sociedad con ese pequeño y arraigado acto.

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