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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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31 Diciembre 2017 04:03:00
Pérdidas y ganancias
‘Y en el reloj de antaño, como de año en año, hacemos el balance de lo bueno y malo, cinco minutos antes de la cuenta atrás”. Ignacio Cano Andrés. Músico y compositor español.

Hoy se cierra un ciclo más de vida para todos, el 2017 concluye e inicia 2018. Lo anterior es una obviedad, pero finalmente es común que lo obvio, por obvio, lo obviemos; es decir, terminemos no poniéndole atención y dejándolo pasar. Y, como casi todo mundo, estos días son también para hacer balance, para revisar cómo nos fue a lo largo de los 365 días y verificar si al final tuvimos pérdidas o ganancias. ¿Cómo le fue a usted, mi sibarítico lector? ¿En el haber y el deber, cuál fue su resultado? En mi caso, aunque pareciera que hubo más pérdidas que ganancias, hay rubros donde salgo ganando y eso termina por equilibrar mi balanza personal.

Este año que termina lo empecé fatal. Por errores tomados a lo largo de mi vida, hacia el final de 2016 lo que me quedaba de familia lo perdí, y me vi en la necesidad de, si no alejarme del todo, salir de mi núcleo cercano. Mis hijos los mayores, derivado de ello, se alejaron aún más de lo que de por sí alejados estaban cuando todavía vivíamos en la misma casa. Mi hijo el menor temía que yo fuera el más lastimado por esa forzada decisión y parecía que se iba a repetir el proceso negativo que viví con los mayores. Nunca he sabido lo que es una depresión, pero lo vivido en este terreno fue lo más parecido a ello que conocí a lo largo de mi existencia; mal escenario para iniciar 2017. En lo laboral, sabía que el presente era el último año con un trabajo seguro, como lo es el formar parte de la Administración, que también hoy concluye, encabezada por Isidro López Villarreal. Sin embargo existía la posibilidad de formar parte de un proyecto ganador y, al final, como todos vimos, ninguno de tales proyectos se concretaron; e incluso algunos amigos se quedaron en el camino por causa de ello, y muchas personas que creía conocer al final terminé por desconocerlas.

En lo económico tampoco me fue como hubiera querido, algunos planes los tuve que postergar por atender el día a día, y ahí sigo atrasadón con algunos temas; es más, este diciembre ni siquiera he podido darme algunos gustillos que solía darme hacia fin de año, como conseguir algo de buena música y buena lectura. Y para variar, durante 2017 he leído poco, poquísimo; apenas paso la decena de libros y ni de broma llego a la mitad de la segunda decena.

Pero, insisto, no todo fue pérdidas; en el caso de los hijos, afortunadamente el menor, con su generosidad, ha resultado ser un elemento de cohesión entre sus hermanos y un servidor. Su forma de ser ha permitido que poco a poco pueda volver a tener una relación más cercana con mis hijos mayores y se ha convertido genuinamente en un puente entre ellos y su padre. Los amigos no me han soltado desde que salí de casa y algunos literalmente me han tomado en sus manos para ayudarme a salir adelante; y obvio, no estoy hablando de lo económico, sino de lo emocional. En lo económico, sigo descubriendo lo afortunado que soy de sacar ganancia de hacer lo que me gusta, de vivir de lo que profesionalmente amo; y a quienes dependen de mi persona nada les ha faltado.

Y si bien este año he leído poco, es en el que MÁS he amado y en el que más he recibido amor. Y en materia de salud me fue bien, tan bien que dejé en el camino algunos kilillos que traía de más en mi cuerpo, y que espero no recuperar ni en las pantagruélicas celebraciones de estos días.

El 2018 casi llega, me queda claro que TODO lo que en él suceda dependerá prácticamente de lo que haga o deje de hacer. Por el trabajo no es que no me preocupe, y aunque literalmente mañana me encuentre en la fila de los desempleados; el ser un profesionista independiente me abre un sinfín de oportunidades y creo que mi ÚNICA carta de presentación en ese rubro sigue siendo, como me lo dijo mi padre cuando recién iniciaba mi vida profesional, mi propio trabajo. Durante el mismo llegaré a mis 50 de vida y aunque esta no se encuentra resuelta en muchos rubros, sí tengo claro que el tiempo que me resta es corto, y debo aprovecharlo de la mejor manera. No me voy a preocupar por las cosas que no dependen de mí; lo que es mío, mío será; y lo que no, ¡nunca lo fue! Los amigos los seguiré cultivando a la par del conocimiento y en el terreno de lo sentimentalmente simplemente me dejaré hacer del amor.

Este sibarita se toma unos días de –citando a los clásicos– no sé si merecido descanso o no, pero definitivamente, sí necesario. ¿Nos leemos el año entrante? ¡Disfrutemos! ¡Feliz 2018!
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