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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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12 Marzo 2014 04:08:42
…Pero el problema no es sólo el narco
Tiene razón quién afirma que la entrevista que publicó Excélsior con el periodista y escritor italiano Roberto Saviano, no tiene desperdicio. El tipo sabe, y mucho, de temas de delincuencia organizada, y para prueba tenemos el revelador libro “Gomorra”, sobre la camorra (mafia) napolitana y el más reciente “Cero Cero Cero”, sobre la corrupción que alimentó la guerra en los años 80, entre cárteles colombianos y mexicanos. Es un tipo inteligente y bien informado, pero aún así tiene expresiones sobre la realidad mexicana que vale la pena tomar con cautela.

Se podría discutir hasta el cansancio si tiene razón o no sobre la afirmación de que “El Mayo Zambada” delató a “El Chapo” o que la captura de éste fue el resultado de que el primero dejó de protegerlo. Sería, sin embargo, totalmente inconsecuente.

Lo realmente interesante lo podemos encontrar en otra de sus grandes afirmaciones: “Detesto cualquier droga. Ni siquiera de jovencito las probé. Y como yo odio las drogas, justamente por eso pediría su legalización. No se trata de incentivar el consumo de la mariguana o de otras drogas. Legalizándolas puedes hacer una campaña en su contra. Aquí de lo que se trata es de arrancárselas, de quitárselas a los narcos. Para mí, ése es el único camino. Si mañana se legalizaran todas las drogas en México, las metanfetaminas, la mariguana, la coca... los cárteles de la droga se derretirían como nieve bajo el Sol”.

La legalización de todas las drogas significaría un golpe devastador para las finanzas de la delincuencia organizada, pero por desgracia eso no implicaría, como una ecuación lineal, una disminución sustancial en los actuales índices de violencia, o que de la noche a la mañana esos verdaderos ejércitos de mexicanos que hoy pertenecen a bandas delincuenciales, reconsideren e intenten conseguir un trabajo honesto y prometan con la mano sobre el corazón que ya nunca más cometerán un delito.

La gran tragedia mexicana, en el fondo, no es el narcotráfico –aunque este cáncer sea la expresión más evidente de que el actual orden de las cosas simplemente no funciona– sino el gigantesco caldo de corrupción e impunidad, injusticias y desigualdades (condimentados por graves problemas económicos y hasta educativo/culturales) que lo alimenta.

En nuestro país, cuando cae un capo, aparecen dos, las bandas se fragmentan y se vuelven más violentas; cuando la estructura no les da para el trasiego de drogas se dedican a la extorsión, el cobro de derecho de piso, el secuestro, la trata, y media docena más de delitos que golpean directamente a la sociedad.

Hay que agregar la evidente pérdida de los tradicionales elementos de contención que nos colocan como una sociedad inmadura, sin mayor visión de futuro ni asideros de cohesión como para ponderar cuestiones de libertad y respeto a la individualidad, en un eventual mercado de libre acceso a las drogas; legalizarlas no solucionaría (en el fondo) nada en nuestro país, y muy probablemente resultaría una medida contraproducente en términos de violencia e inseguridad y eso parece ignorarlo el joven Saviano.
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