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Vicente Bello
Vicente Bello
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11 Septiembre 2018 04:00:00
Persiste la farsa de la rendición de cuentas
La Glosa del informe presidencial es el análisis –así lo definen en el Congreso de la Unión- de todas y cada una de las acciones de gobierno de la Presidencia de la República en el año que se revisa.

En este caso, deberá ser de los hechos de gobierno de septiembre de 2017 a agosto de 2018.

Desgraciadamente ni ellos –diputados y senadores- se lo creen. La glosa solo ha sido, durante muchos años, un mero remedo de revisión de cuentas. Una burla al pueblo de México que dicen representar.

De acuerdo con el formato de glosa que está heredando el sistema priísta –en el cual tan gustoso y feliz galopa el PAN y prácticamente el resto de los supuestamente partidos de oposición-, como un primer capítulo tanto el Pleno de los diputados como el de los senadores se ponen a posicionarse y a discutir en torno de las principales áreas de la administración pública federal.

La materia social, la materia de política interior, política exterior y economía, son las principales áreas sobre las que diputados y senadores debaten desde la tribuna del Pleno. Después –en el lapso comprendido de mediados de septiembre a noviembre-, se presentan los secretarios encargados de los despachos presidenciales, ya sea ante el Pleno principal o ante comisiones.

Una observación: no comparecen cuando a diputados y senadores conviene, sino cuando aquellos quieren o tienen tiempo.

¿Y esto será suficiente para cumplir con la rendición de cuentas, exigida por la Constitución General? Evidentemente no, por supuesto.

Dicha revisión, con supuesto debate de por medio, dista mucho de cumplir con los requisitos básicos de una verdadera rendición de cuentas.

Lo que ahora sin duda llama la atención es que en el arranque de la 64 Legislatura la glosa no ha cambiado, ni siquiera cuando el partido que ostenta la mayoría absoluta es oposición del gobierno actual y tiene el encargo moral histórico de hacer cumplir la función de contrapeso.

Morena, con sus flamantes 256 diputados federales y sus casi 60 senadores, tiene la fuerza más que sobrada para hacer que el Ejecutivo Federal presente cuentas detalladas de sus acciones de gobierno.

Ahora resulta que Morena no quiere tocar a Enrique Peña Nieto ni con el pétalo de una rosa, cuando la gente que votó por ellos –con Andrés Manuel López Obrador a la cabeza- lo hizo estando harta de la impunidad y de los abusos sin parangón que protagonizaron personajes que todavía están allí, en sus puestos, como el mismo Peña, como el mismo Luis Videgaray Caso, y muchos otros del gabinete presidencial que sirvieron de instrumentos para que el país enfrente la deuda más grande y grave que se haya conocido en toda su historia y para que volvieran a tomar el control del país las principales compañías petroleras del mundo.

Se entendería que los que han ganado la elección, y van en curso de ser gobierno a partir del 1 de diciembre, no querrían confrontarse con el actual gobierno; pero no necesitan hacerlo y cumplir con lo que tiene por obligación qué hacer: Echar mano de la función de control político del Congreso y revisar las acciones del gobierno.

Si lo quisiera Morena, esta glosa tendría que ser como en otros tiempos algunos de sus ahora legisladores proponían que se hiciera: Con características de auditoría pormenorizada en cada una de las áreas.

Que por un lado de la mesa estuvieran los diputados acompañados de sus asesores en cada área de gobierno, y por el otro lado estuvieran los secretarios encargados de los despachos presidenciales con su montón de asesores y ayudantes respondiendo detalladamente a cada una de las preguntas que aquellos les hicieran.

Una mesa semejante a las que utilizan las empresas cuando alguno de sus departamentos es sometido a auditorías. Mesas, por cierto, que no duran un día, ni dos; pueden durar semanas si es necesario, sosteniendo un ritmo de trabajo donde el horario no tenga hora de salida.

El formato de rendición de cuentas heredado por el sistema priísta solo simula que se rinden cuentas. Es este mismo el que, en el comienzo de la 64, prevalece y se está utilizando en las dos Cámaras del Congreso de la Unión.

A Enrique Peña Nieto le han abierto un camino muy ancho para que se vaya sin presentar cuentas reales y verdaderas. Y, al parecer, quienes se lo han abierto son sus otrora adversarios recalcitrantes.

La nueva mayoría en la Cámara de Diputados tiene la oportunidad histórica de inaugurar un nuevo sistema de rendición de cuentas. ¿Por qué no lo hace?

ESTRIBO
Anoche, la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados formalizó lo que había estado diciendo Mario Delgado, su presidente, de reducir el presupuesto de esta Institución durante el periodo de septiembre a diciembre de 2018.

Se comprometieron a ahorrar 409 millones de pesos, que regresarán a la Tesorería de la Federación en diciembre próximo. Corresponden a un presupuesto para todo este año de 8439 millones de pesos.

Dicha reducción será de las siguientes medidas de austeridad: Eliminación de seguro de vida para los diputados; eliminación del seguro de gastos médicos mayores, eliminación del fondo de ahorro, reducción al mínimo de viajes y viáticos, eliminación de renta de vehículos; eliminación de gastos para telefonía celular, reducción de contratación de personal, asesorías y eventos, así como de insumos y consumibles.

También, se suspenderá la remodelación de oficinas con cargo al presupuesto de la Cámara y se restringirá la contratación de plazas vacantes.
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