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Dalia Reyes
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13 Septiembre 2018 04:00:00
Pésima novedad
Resueltas las necesidades básicas del ser humano, este bendito ser se dedicó a encontrarme un uso creativo al espacio disponible en su cerebro. Cosas brillantes han surgido de esas circunstancias, el queso de colores, por ejemplo.

El queso de colores salió a la venta un martes y desapareció el lunes siguiente. Si bien las madres de familia tuvimos un momento de choque al suspender el menú consiste en sándwiches azules, supongo que los creadores pasaron peores momentos al saberse censurados por el mercado popular.

Inicialmente imaginé una reunión urgente con la élite directiva de Kraft llevando a la mesa un par de casos de envenenamiento: Chicos que acabaron gravemente intoxicado y sospechosamente azules luego de comer su lonche en el recreo.

Como ese asunto del queso variopinto, la ciencia ociosa también desarrolló papel sanitario rosa, aclaradores de partes íntimas femeninas, cinturones de castidad, fondos y refajos, tenis con tacones. Este conjunto tiene en común su poca funcionalidad y, en consecuencia, la desaparición repentina -como la del queso- o paulatina, como la del cinturón. Se entiende en ambos casos pues un niño envenenado representa a mies, y una mujer embarazada con todo y cinturón demuestra cómo la vida, y quién la genera, se abre camino a como dé lugar.

En lo personal, reconocería un invento moderno como el único exitoso y permanente en la historia humana, y más que ciencia es un arte: el arte de crear la necesidad del queso colorido, el cinturón, los tenis entaconados; tan exitosa ha sido esa disciplina que generó, incluso, la necesidad de usar zapatos Crocs.

Cuando era niña aprendí a legitimar a la mujer bella siempre y cuando usara pestañas Pixie; los vaqueros debían fumar Marlboro y la gente limpia se bañaba con jabón Zest. Junto con esas figuraciones, yo daba por hecho que solo las niñas rubias eran listas y únicamente quienes se apellidaran García eran ricas; ahora sé cuán endebles eran mis convicciones y lo mucho que la mercadotecnia colaboró para construirlas
Todo lo días la ciencia ociosa pone a la venta un nuevo e innecesario producto, y yo digo que ni siquiera tendrían que ocuparse en fabricar nada, porque bien pueden convencer al mundo de lo mucho que está en boga comprar nada y el mundo se colocará a comprarla.

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