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Federico Muller
Federico Muller
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18 Noviembre 2016 03:00:00
Petróleos ¿mexicanos?
Adiós al ícono. Para varias generaciones de ciudadanos, Petróleos Mexicanos (Pemex) representó una figura sentimental cuyo valor trascendió el meramente monetario, convirtiéndose en el acompañante silencioso de pertenencia colectiva que enarboló el poder del Estado mexicano en la economía de los combustibles fósiles, particularmente subsidiando las gasolinas a la población. El charrito mexicano, símbolo del Pemex de antaño, quedó grabado en los antiguos despachadores de gasolinas, pero también  en la conciencia de muchos de nosotros.

Con el paso del tiempo, las ideas románticas del general Lázaro Cárdenas (1895-1970) de que la compañía petrolera, creada por él después de la expropiación a los inversionistas extranjeros, fuera manejada por el sindicato de trabajadores, quedaron plasmadas en la historia del país como eso, una aspiración de confianza en el trabajador nacional, una que nunca se hizo realidad.

Con el Plan de Negocios 2016-2020 que presentó recientemente, la ahora empresa productiva del Estado dio un vuelco de 180 grados, contrario a la geometría política de izquierda: su participación dejó de ser monopólica en el mercado de los hidrocarburos y ahora competirá con otras petroleras de talla mundial en la venta de gasolinas en México, y se apoyará en la inversión privada en los proyectos que realice.

La reforma energética le permitió a Pemex proveerse de recursos de varias fuentes, entre otras, las siguientes: contratando deuda externa e interna; monetizando parte de sus activos (ductos, centrales de almacenamiento, terminales de compresión), que ahora se consideran periféricos a los objetivos sustanciales de las subsidiarias de la petrolera; y  construyendo asociaciones con particulares en proyectos tipo farm outs, en los que Pemex autoriza y da el derecho de explotación, y la contraparte privada desembolsa el capital para llevar a cabo la
inversión.

Uno de los proyectos que se concursará próximamente en esa modalidad será el de Trión, que consiste en la explotación de un yacimiento localizado en aguas del Golfo de México, con una profundidad superior a los 2 mil metros, con reservas de 500 millones de barriles de petróleo, según estimaciones de los especialistas, ponderando las reservas probadas, probables y posibles de los pozos marinos.

Indicadores financieros. Las subsidiarias de Pemex presentan números no muy halagüeños. Enseguida se describen algunos que la empresa publica en su página http://www.pemex.com. En nueve años la deuda se ha duplicado y la utilidad neta es negativa sistemáticamente a partir de 2007. Cabe señalar que en todos los años el impuesto es mayor al rendimiento de operación (excepto 2006 y 2012). En Exploración y Producción, durante los últimos dos años los impuestos y derechos han sido mayores a los rendimientos; en Refinación, los costos de venta, particularmente las compras de importación e interorganismos, han sido mayores a los ingresos; en Gas y Petroquímica Básica, los gastos de operación han mermado el rendimiento de las ventas; en Petroquímica, los costos de venta, particularmente las compras interorganismos, han sido mayores a los ingresos.

Conclusión: Pemex pretende dirigir sus operaciones exclusivamente hacia aquellas que sean rentables, los objetivos sociales desaparecen. Con las asociaciones, intentará “absorber” experiencia, tecnología, y capital de las empresas privadas que la acompañen en los proyectos productivos; cabe decir que fueron atributos técnicos y logísticos, así como economías excedentarias, que no logró en más de 70 años de vida productiva monopolizando la producción petrolera. Quizá en el largo plazo veamos una caricatura de lo que fue Pemex, reducida a una simple agencia de gestión.
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