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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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29 Diciembre 2016 04:00:00
Piedad…
Secuestros y asaltos, pandillas y cárteles del narcotráfico, regazón de cabezas tronchadas en un almacigo de cadáveres descabezados y una organización criminal que genera ingobernabilidad porque dentro de la más abyecta impunidad es ya un Estado dentro del Estado y un poder dentro del poder. Mis valedores: ¿es México (lo acusan algunos analistas) un Estado fallido?

Yo, en procura de respuestas, acudí al poeta filósofo indio y leí sus reflexiones en torno a la justicia y las invocaciones a un ente encargado de impartir justicia. Juzguen ustedes si cuadran a nuestro país:

“¿No es mala una balanza que se inclina una plomada que desvía, un hombre justo e íntegro que se ha transformado en bribón? Los altos funcionarios practican el mal; roban los jueces. Aquel que deben prender a un hombre que ha desnaturalizado su función pública, comete él mismo una injusticia al volverse ladrón.

Aquel que debe dar aliento yace sin respiración. Aquel que debe aliviar, provoca nuestro jadeo. Aquel que debe repartir justicia, es un ladrón.

El que debe alejar la pobreza es el mismo que la origina, a tal punto que la ciudad está sumergida en esa pobreza. Quien debe reprimir el mal, comete él mismo la iniquidad.

Tú eres como una ciudad sin gobernador, como una compañía de soldados sin jefe, como un barco sobre el cual no hay capitán, como una manada que no tiene pastor. Tú eres como un policía que roba, un gobernador que depreda, un jefe de gobierno encargado de reprimir el latrocinio y que se ha convertido en modelo de quienes actúan mal.

Tú has sido colocado en tu puesto para escuchar los pleitos, para juzgar entre las partes, para castigar al bandido, pero no haces más que dar tu apoyo al ladrón porque eres uno de ellos.

Se deposita en ti su confianza y tú te has convertido en un saqueador. Tú has sido colocado para servir al miserable, pero lo ahogas porque eres un agua de impetuosa corriente.

La justicia: un poco de oro basta para corromper a los jueces. Mira con tus propios ojos: quien debe repartir justicia es un ladrón; quien debe apaciguar es el mismo que causa aflicción; quien debe allanar las dificultades es el que provoca inquietud. El bellaco menoscaba la justicia; pero cuando se ha colmado la medida no es con trampas como se gana la justicia.

Ladrones, bandidos, saqueadores, he aquí los altos funcionarios que fueron comisionados para reprimir el mal; un lugar de refugio para el violento, eso son los altos funcionarios que han sido nombrados para reprimir la impostura.

Piedad por la nación que está llena de creencias y vacía de religión. Piedad por la nación que viste telas que no teje, come el pan que no amasa, y bebe el vino que no fluye de su propio lagar. Piedad por la nación que aclama al vanidoso como héroe y juzga al ladrón como hombre de bien.

Piedad para la nación cuyo jefe es un zorro, cuyo filósofo es un impostor, y cuyo arte es el de remedar y remendar. Piedad por la nación que da la bienvenida a su nuevo gobernante con toda pompa, y lo despide a gritos, tan sólo para dar la bienvenida a otro bribón con todos los honores”.

Piedad para México, cuyos habitantes se niegan a madurar, a asumir, a dejar de delegar en tales mediocres que se enriquecen con el bandidaje de los dineros de todos. ¡Míralos!

Y cómo vas a mirarlos, si tú también.

(Tenebroso).
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