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Rubén Aguilar Valenzuela
Rubén Aguilar Valenzuela
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Rubén Aguilar Valenzuela. Licenciado en Filosofía, Maestro en Sociología y Doctor en Ciencias Sociales. Presidente Ejecutivo de Afan y Asociados, S.C. Es profesor de Ciencias Políticas y de Comunicación en la Universidad Iberoamericana. Fue Coordinador de Comunicación Social y portavoz de la Presidencia de la República (2004 al 2006) y también de la Secretaría Particular del Presidente (2002 al 2004). Ha sido consultor de UNICEF, UNESCO, OEA, PNUD, BID, BM, UE y agencias de cooperación de Holanda, Alemania y Estados Unidos. En México del IMSS, DIF-Nacional, INI, la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno de la Ciudad de México y de la Coordinación Presidencial para la Alianza Ciudadana. Fue editor de la revista Cuadernos del Tercer Mundo. Editorialista de El Universal (México), El Financiero (México) y articulista de las revistas Estrategia y Proceso. Actualmente su columna se publica dos veces por semana en El Economista (México) y una veintena de periódicos de los estados. Escribe mensualmente en la revista Etcétera temas de comunicación política. Es autor de quince libros. Los más recientes: La comunicación presidencial en México 1988-2012 en colaboración con Yolanda Meyenberg Leycegui (2015), Los saldos del narco: el fracaso de una guerra, en colaboración con Jorge Castañeda (2012), y La Sociedad Civil en México (2012).

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20 Febrero 2017 04:00:00
Piedras Negras, Eagle Pass y Trump
El 12 y 13 de febrero estuve en Piedras Negras, Coahuila, su lema es La Frontera Fuerte de México, que colinda con Eagle Pass, Texas. La primera ciudad tiene 160 mil habitantes y la segunda 26 mil. Hace años que el desarrollo de la ciudad estadunidense se estancó. Lo que percibí, escuché y vi me sorprendió.

En el primer mes del Gobierno de Trump y su política contra México en esta frontera nada ha cambiado. La vida de todos los días sigue su curso sin ninguna alteración. En las fábricas y maquilas de Piedras Negras se ven colgados grandes letreros que solicitan trabajadores. Sigue llegando la inversión extranjera.

El 13 de febrero en las casas de cambio el dólar se vendía a 19.20 pesos. En los últimos años se han construido una docena de nuevos hoteles, se han abierto plazas comerciales e instalado buenos restaurantes. Cuando la gente de Eagle Pass quiere comer o cenar bien se cruza a Piedras Negras.

Los estadunidenses vienen a la ciudad mexicana a servicios médicos. Hay una conocida clínica –hoy construye nuevas instalaciones–, que realiza operaciones para combatir la obesidad. Me llama la atención los más de 300 odontólogos, muchos con especialidad, que atienden a la población local y a la estadunidense. En seis cuadras, cercanas a la línea fronteriza, hay 72 dentistas.

Aquí hace años existe un muro fronterizo. Las autoridades de la ciudad no piensan que se vaya a construir otro, pero si se hace nada cambia. El año pasado por esta frontera fueron deportados 6 mil 500 mexicanos, que son 18 al día. Fue el año con menores deportaciones en la época del presidente Obama.

En Piedras Negras hay dos o tres buenos colegios que son bilingües, pero hay familias que prefieren que sus hijos aprendan inglés en escuelas de religiosas católicas que están en Eagle Pass. Todos los días en la mañana un grupo de madres cruza la frontera para dejar a sus hijos y en la tarde de nuevo, para recogerlos.

La relación entre el Alcalde de Piedras Negras, hablé con él y el de Eagle Pass son buenas y también con el Alcalde del condado. En distintas ceremonias cívicas se acompañan los alcaldes de uno y otro lado de la frontera. Días atrás se encontraron porque el Alcalde del condado vino a Piedras Negras, con su hijo, a una pelea de boxeo.

Pude hablar con el Gobernador de Coahuila y con empresarios locales. Son conscientes que puede haber problemas por la nueva política del presidente Trump hacia México, pero hasta el momento ven que la relación, por la vía de los hechos, sigue igual. En uno de los años del presidente Obama, por esta frontera fueron deportados 60 mil mexicanos. Ahora no vislumbran esta posibilidad.

Cuando veía la actitud de tranquilidad de las autoridades del estado, de la ciudad y también de los empresarios, bien distinta a la que impera en la Ciudad de México, se me plantearon algunas preguntas: ¿Son ingenuos e inconscientes los ciudadanos y las autoridades de Piedras Negras? ¿Su condición de frontera les hace ver las cosas de otra manera? ¿Saben que la dependencia de uno y otro lodo está más allá de cualquier discurso? Ya se verá. Por lo pronto las autoridades de las dos fronteras y también la ciudadanía están tranquilos: son buenos vecinos.
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