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Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre "Catón"
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15 Agosto 2014 04:10:48
Pierden el piso
“Si estuviera usted en la cama con una hermosa mujer ¿qué tres partes del cuerpo le besaría?”.

Esa cuestión le planteó el conductor del programa de preguntas y respuestas al nervioso concursante.

Como el tema era el sexo, y a los participantes les era permitido llevar un asesor, el tipo había llevado con él a Cochon Trèssale, famoso amante francés experto en erotismo.

Cuando el conductor del programa le hizo esa pregunta -”¿En qué tres partes del cuerpo besaría usted a la hermosa mujer?”- el concursante respondió: “El primer beso se lo daría en los labios”.

“Respuesta acertada” -dijo el del programa.

“El segundo beso se lo daría en el cuello”. “¡Correcto! -exclamó el conductor-.

Y ahora, por el gran premio de 64 mil pesos, el tercer beso ¿dónde se lo daría?”. Dudoso, el concursante se volvió hacia su asesor francés.

Le dijo éste: “A mí no me preguntes, mon ami.

Yo ya me equivoqué en las dos primeras respuestas”.

Comentó un señor: “Ya me libré de los parientes que venían a pasar temporadas en mi casa. A los ricos les pedí dinero, y se lo presté a los pobres.

Ni unos ni otros han regresado”. Entre los muchos problemas que México tiene (2.554.739, según la última cuenta, realizada hace media hora), uno es la paradoja que consiste en que frecuentemente lo público se hace privado y lo privado se hace público.

En efecto, a capricho de los detentadores del poder se ocultan datos de las dependencias oficiales, como si éstas fuesen propiedad de quienes desempeñan cargos de administración, autoridad o representación.

Al mismo tiempo eventos que en ocasiones pertenecen a la vida privada se hacen públicos por virtud de los modernos artilugios de fotografía y video, y por obra de aquellos que en una manera u otra obtienen lucro o beneficio al dar a conocer sucesos que sin su acción, a veces desleal y traicionera, habrían quedado ocultos.

Tal fue el caso de la pachanga realizada en Puerto Vallarta por políticos destacados del PAN, que con esto se destacaron todavía más.

No pocos panistas suelen asumir la exasperante actitud que los sajones designan como “holier-than-thou” (soy más puro que tú), hipócrita actitud de santurronería.

El que la asume se pone por encima de los demás, a los que considera pecadores indignos de su trato.

Sin embargo algunos señores de Acción Nacional han dado últimamente diversas evidencias en el sentido de que han adoptado los mismos vicios que antes criticaron, vicios que por su cuenta han corregido y aumentado.

Acontecimientos como el de Vallarta derivan de la arrogancia de quienes se ven de pronto con unas migajas de poder.

Pierden entonces el piso; se sienten invulnerables; piensan que a ellos no los obligan las normas de la moral y del derecho.

Si a eso se añade la juventud, ya se adivinarán las consecuencias.

Busque el PAN en el cuarto de sus trebejos la placa con el calificativo del cual se ufanó en los pasados tiempos: “el partido de la gente decente”, y encontrará que la tal placa se mira ahora oxidada, abollada, descarapelada, borrada y deslustrada.

Si no me cree haga la prueba.

Augurio Malsinado es el hombre de peor suerte que hay. Cierta noche estaba con una muñeca inflable.

Llegó el marido inflable y le propinó una tunda de órdago.

Los hijos salen tan caros que ya nada más los pobres pueden darse el lujo de tenerlos.

En oposición a ese apotegma doña Moneta, dama de sociedad, y rica, dio a luz un hijo.

Otro tenía ya, de 5 años, cuyo nombre era Lordito.

La llegada de la nueva criatura, que reclamaba toda la atención de su madre, puso celoso al hermanito.

El niño ideó una manera de tomar venganza de su competidor.

Cierta mañana que la mamá dormía le untó en los pechos aceite de ricino, el fuerte purgante que a él le daban lo mismo cuando tenía calentura que cuando se lastimaba un pie.

Pensó el chiquillo que tan pronto su madre amamantara al crío, a éste lo acometerían las mismas descomposturas de vientre que él sufría tras de tomar aquel remedio horrible: flojedades, cursos, carreras, deposiciones, flujos, cámaras y pringapiés.

Al día siguiente, para su sorpresa, el recién nacido amaneció como si nada.

El chofer de la casa, sin embargo, faltó al trabajo por estar malo del estómago.

FIN.
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