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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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12 Febrero 2016 04:00:19
‘Pink… adopción homosexual’
En próximos días, en nuestra nación se estrenará en las salas cinematográficas de la mayor parte de los estados la película de nombre “Pink... el rosa no es como lo pintan”, del cineasta saltillense Francisco del Toro (mejor conocido como Paco del Toro), persona que ha dedicado gran parte de su trayectoria como profesional del cine a producir películas de denuncia por los problemas sociales que enfrenta nuestro México, así como a temas espirituales bajo la perspectiva de la fe cristiana.

Esta nueva producción del saltillense será sin duda una dura crítica a la política implementada por algunos gobiernos de la República, entre ellos el nuestro, que en un afán de promulgar leyes de vanguardia, y sin mediar estudios científicos serios se han dado a la tarea de facilitar por medio de las legislaciones locales la adopción homoparental, es decir la adopción de niños por parte de homosexuales, también llamada adopción homosexual y que consiste en recibir como hijo a un niño por parte de una pareja homosexual.

Este tipo de adopción extraordinaria tiene como principal característica que, contrario a sustentarse o fundarse en el interés del menor o en sus derechos fundamentales, privilegia los derechos de los adultos, padres biológicos o adoptivos, es decir, en el caso de la adopción homosexual, el bien jurídico tutelado lo es el supuesto “derecho” de los homosexuales a adoptar, y no en el interés del menor; esto como una mera imposición de los gobiernos de diversas partes del mundo moderno como consecuencia de la gradual aceptación social de la homosexualidad.

Si bien es cierto, nuestra Constitución política desde siempre ha concedido a los homosexuales el mismo derecho de adoptar que a los heterosexuales, también lo es que la figura legal de la adopción, que originalmente obligaba al Estado a enfocarse en buscar y garantizar el bienestar de los niños para proveerles las condiciones óptimas para su desarrollo integral, y jamás como un medio para cumplir los deseos o caprichos de los adoptantes, por lo que al momento de conceder a un menor en adopción, el Estado debía considerar al “derecho de la adopción” como un derecho exclusivo del niño, bajo la expectativa de que el menor adoptado quedara en aptitud de recuperar lo que ha perdido, es decir, un padre y una madre, por lo que lejanamente este derecho es para los adoptantes, ya que de ser así, el niño legal y formalmente sería visto como un objeto y no como un ser humano, como ahora sucede.

Es evidente que a nuestros gobernantes poco lo es ha importado la opinión vertida por la comunidad científica, quienes sostienen que: Los niños son el resultado de la unión exclusiva de un hombre y una mujer, y que entre sexos iguales no es posible la concepción del embrión. La naturaleza sexual no estableció que los individuos fuesen producto de las uniones homosexuales, y por la misma razón tampoco estableció que fuesen criados por homosexuales, de modo que la crianza de niños por homosexuales es un acto contra la naturaleza y conceder lo contrario es sin duda un agravio evidente a un principio natural, por lo que estas erróneas políticas progresistas nos condenan como sociedad a esperar las consecuencias de desconocer que México es un país donde se supone que los niños tienen derechos y no donde los niños son un derecho.
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