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Carmen Aristegui
Carmen Aristegui
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Carmen Aristegui Flores. Periodista y conductora de programas de radio y televisión de amplia experiencia y reconocimiento en México.

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16 Septiembre 2017 04:00:00
Plataforma Ayotzinapa
Hace unos días fue presentado en México El Caso Ayotzinapa: Una Cartografía de la Violencia. Se trata de un importante proyecto desarrollado por Forensic Architecture, una agencia independiente de investigación espacial, con sede en Goldsmiths, de la Universidad de Londres, que está rompiendo esquemas en investigaciones criminales y de violaciones graves a derechos humanos. Montada como exposición en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo con un mural, videos, la plataforma interactiva y algunos documentos que componen el conjunto, se pueden comprender los hechos ocurridos en septiembre de 2014.

Como una encomienda del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, un grupo de 15 especialistas, de diferentes ramos del conocimiento, se dieron a la tarea de aplicar para este caso mexicano métodos y prácticas de investigación que han aplicado en investigaciones de otros graves casos de violaciones a derechos humanos y crímenes de Estado registrados en otras partes del mundo. El resultado es impresionante.

La arquitectura forense se convierte en una poderosa herramienta para investigar casos que involucran situaciones extremas de violación a derechos fundamentales por parte de agentes del Estado y/o grupos criminales, como claramente es el caso Ayotzinapa.

Los arquitectos, periodistas, expertos cibernéticos y directores de cine que conforman Forensic Architecture se dirigen “Hacia una estética investigativa” que ha dado resultados imponentes en diferentes casos en los que se han involucrado. Utilizan la arquitectura, la tecnología e incluso la estética como instrumentos metodológicos que les permiten mostrar –con una claridad fuera de serie– la mecánica en tiempo y espacio de los hechos ocurridos en aquella noche de Iguala.

La plataforma, los videos y las recreaciones no solo dinamitan la indiferencia que pudiera haber frente al tema, sino que abren nuevas vertientes de investigación y análisis aún para aquellos que son especialistas en el caso, incluso para quienes forman parte de grupos que han llevado o coadyuvado en las investigaciones formales.

Lo novedoso de esta práctica investigativa es que, de la mano de la arquitectura, medios digitales, sensores y otros elementos de información, ofrece, entre otras cosas, una dimensión espacial a lo que está contenido en miles de páginas de uno o varios expedientes judiciales y otras fuentes de información que resulten fidedignas. En este caso se tomó como fuente maestra de información los elementos obtenidos por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI).

Los miles de páginas revisadas se convirtieron en casi 5 mil registros en una base de datos. Cada dato registrando un solo suceso con las etiquetas respectivas de los actores involucrados y la caracterización del evento que se describe y la narración del mismo.

Para darnos una idea: el caso Ayotzinapa está contenido en aproximadamente 400 volúmenes de mil páginas cada uno. Un universo indigerible aun para los más avezados en la investigación criminal. Por eso es oro molido contar hoy con todos estos elementos que deben servir a ciudadanos de a pie; a ministerios públicos; jueces; periodistas e investigadores. Nadie debería estar exento de ver esto, si es que de veras queremos medir y entender la dimensión del Caso Ayotzinapa.

A unos días de que se cumplan 3 años de lo sucedido la noche del 26 al 27 de septiembre de 2014, es importante no olvidar –como se ve corroborado y ampliado con esta Cartografía– que un grupo de estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa fue atacado de forma criminal por policías locales de Guerrero que actuaron al servicio de los delincuentes. Ahí estuvieron, ahora lo sabemos con mayores elementos, miembros de otras agencias del Estado: policías estatales; policías federales y miembros del Ejército. Ninguno de ellos ayudó a los estudiantes. Aquello fue la representación fiel de un Estado coludido. Murieron seis personas, 40 resultaron heridas y los 43 estudiantes siguen desaparecidos. A 3 años de distancia, México no puede olvidar eso.
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