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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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03 Octubre 2017 04:00:00
Playboy y la mujer como una cosa
Murió Hugh Hefner, a los 91 años, en su cama y por causas naturales. Murió tranquilo aunque todas las expectativas apuntaban hacia un fallo cardiaco en un momento de pasión.

El creador de la mítica revista Playboy, que si bien no fue la primera en el género del manejo comercial del erotismo, puso las pautas para su aceptación, en una época en donde sectores importantes de la sociedad aún estaban cerrados a toda exhibición gráfica de la sexualidad.

Es cierto que fue un pionero y defensor de la revolución sexual, desde los años 50 del siglo pasado, pero también lo es que fue un promotor importante de la cosificación de la imagen femenina.

Sicólogo por la Universidad de Illinois, entendió que los hombres de su tiempo querían ver mujeres estéticamente impecables, pero complacientes y dispuestas a la relación sexual en cualquier momento, por lo que de dos opciones que tenía para elaborar el símbolo de su revista (león y conejo) escogió el conejo, por su intensa actividad sexual (las hembras del conejo siempre están receptivas). Y entonces enseñó a muchas generaciones que una mujer es una hembra receptiva a la solicitud del macho, porque esa es su función en la vida.

Playboy ayudó a la apertura de una época mejor en la vida sexual, porque luchó para mostrar sin tapujos el cuerpo femenino (y si bien no tenía preferencias en colores de piel, sí en proporciones) y a pesar de que su revista no sólo presentaba aquellos magníficos desnudos y escribían en ella destacados autores, su costo no era tan accesible en sus primeras épocas como para que la adquiriera la parte joven de la sociedad.

Era una revista para adultos que los más pequeños buscaban a escondidas y la veían con deleite. Muchos adolescentes vieron ahí por primera vez un cuerpo desnudo (jamás mostrando la vulva en aquellos primeros tiempos) y esa excitación inicial fija el objeto erótico posterior. Es decir, las conejitas de Playboy son las mujeres a las que hay que aspirar: altas, bien proporcionadas y complacientes.

Y si Playboy influyó más que nada en los hombres acomodados de muchas generaciones, su influencia impuso una moda generalizada no solamente en revistas y películas, sino como una forma de vida.

Esa forma de vida implica la cosificación erótica de la mujer. Cuando se cosifica a la mujer, es decir, si se le ve como simple objeto, se le despoja de su componente humano, no hay ya diferencia entre una mujer y una muñeca plástica.

Se ignoran sus sensaciones, sus sentimientos, sus afectos y no importa si al tocarla rudamente ella siente dolor, porque quien la toca puede experimentar placer y finalmente eso es lo importante.

Tampoco importa si el dolor lleva al extremo de matarla, porque si es una cosa nada más, no dejará demasiados sentimientos de culpa, mucho menos en una sociedad de consumo y desecho rápido de artículos de satisfacción como la actual, que privilegia tanto el objeto adquirido como su envoltura, pero que se le reemplaza fácilmente.

Cuando una mujer es agredida sexualmente, no importa si es verbal o física, si sólo la tocan o la violan y asesinan, la tendencia inicial es de culparla por la forma de estar vestida, por lo que enseña o por cómo se comporta.

Se asume que si sus proporciones físicas son generosas, está vestida provocativamente o está en lugares en donde la excitación está permitida (alcohol y baile son sus indicadores), ella debe estar receptiva a cualquier propuesta. Y si se niega es justamente castigada, porque ella se lo buscó.

No es que Hugh Hefner sea responsable de estas actitudes machistas que tanto han dañado el avance igualitario de la mujer: simplemente le proporcionó un estilo a esas conductas, una justificación a esos deseos.

Y además de promover la inequidad en el gusto hacia otras proporciones corporales, que hacían descender en la escala de preferencias sociales a mujeres que no se ajustaban a esa cerrada norma que manejaba Playboy, puso en riesgo a las que sí lo cumplían, porque llegaron a ser más asediadas, acosadas y atacadas que las demás.

La revista Playboy inauguró toda una época que seguramente se cierra con la muerte de su creador, que llevó una vida difícilmente recomendable, no solamente por sus excesos, por su falta de sensibilidad hacia las mujeres o por su tendencia hacia el hedonismo, sino porque una sociedad actual que empieza a privilegiar más la creatividad intelectual va a dejar en los archivos históricos ese estilo de vida.

Pero de que influyó en que nuestra sociedad actual sea lo que es, de eso no queda duda.
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