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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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26 Diciembre 2018 04:07:00
Pluralismo político
El auditorio del Centro Cultural Universitario de la UAdeC de Arteaga se convirtió en pasarela política. El 30 de noviembre sucedió algo inédito: la presencia de líderes y legisladores de los principales partidos de oposición en un acto oficial. En los 12 años del moreirato, sólo el PRI y sus satélites tenían lugar en las ceremonias donde Humberto y Rubén se llenaban de elogios por los resultados de sus respectivos gobiernos, mientras endeudaban al estado y se cometían las peores villanías. En el Congreso, la aplanadora tricolor asfixiaba toda expresión discordante.

Las cosas cambiaron con votos. El PRI tiene hoy 10 diputados, uno menos que el PAN, y aun cuando Elisa Catalina Villalobos, de Morena, ha bloqueado iniciativas para investigar la megadeuda, el grupo pastoreado por Jaime Bueno no puede imponer los dictados del Palacio de Gobierno. Miguel Riquelme es el primer gobernador que ha informado ante una Legislatura de mayoría opositora, sin que ese peso se aprecie a casi un año de instalada. La falta de resultados de las fracciones del PAN y UDC causa decepción.

La composición del Congreso, el estilo de Riquelme y el manejo de la sesión por el panista Juan Antonio García Villa, presidente de la mesa directiva, le dieron a la sesión del 30 de noviembre el sentido que había perdido en los gobiernos de los Moreira. El gobernador entró y salió del recinto sin las porras ni rabietas de Humberto, ni las actitudes triunfalistas y de perdonavidas de Rubén. Lo tiempos imponen moderación.

En el Centro Cultural de Arteaga el contraste con el pasado resultó más notorio. Los excluidos y perseguidos del moreirato ocuparon asientos de primera fila: el senador Armando Guadiana (expriista) y los diputados Luis Fernando Salazar y José Ángel Pérez (expanistas), de Morena. Marcelo Torres, coordinador de la fracción parlamentaria del PAN en el Congreso local, figuró también entre los invitados especiales, lo mismo que el alcalde de Torreón, Jorge Zermeño, figura histórica de Acción Nacional.

La representación del PRI la formaron fracasados: Miguel Osorio, frustrado aspirante presidencial y responsable de la fallida estrategia del Gobierno peñista contra la delincuencia; su colega senadora Claudia Ruiz Massieu, presidenta del CEN, y el exlíder Enrique Ochoa, quien dividió y humilló al priismo. El anodino tecnócrata fue relevado por René Juárez antes de las elecciones, pero el daño ya estaba hecho. El PRI perdió todo: presidencia, Congreso, gubernaturas, alcaldías y legislaturas locales. El único senador de mayoría, Carlos Ramírez (Yucatán), vino a saludar a su amigo Jericó Abramo.

En Coahuila empezaron a soplar vientos futuristas. Es prematuro, pero así ha sido siempre. Sin embargo, esta vez la atención está centrada en Morena. El partido del Presidente es la principal fuerza política nacional. Después del informe, Guadiana declaró no tener diferencias con el gobernador Riquelme. Sus problemas son con los Moreira. Por denunciar la deuda lo persiguieron – “querían meterme a la cárcel” (Espacio 4, 597)–, pero al final le convirtieron en víctima. Hoy es el coahuilense más cercano a López Obrador y el principal aspirante al Gobierno del Estado. Sin embargo, estar en el candelero tiene costos. En su edición 2197, Proceso lo presenta como “El viejo del sombrerón”. Desde el Senado, dice la nota, “promueve eventos para beneficiar sus propiedades. Es, el suyo, un círculo perverso de poder”.
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