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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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04 Febrero 2017 04:00:00
Pobre de espíritu
El ente humano, mis valedores, esa criatura única e irrepetible que puebla el haz de la tierra y cuyo destino, en cuanto comunidad, es la sobrevivencia. Ente de cumbres y abismos, de cimas y simas, sus hechos proyectan luz y tinieblas en humanísimo claroscuro: este conquista las crestas del saber, del heroísmo, de la santidad, en tanto que una infinita mayoría se arracima en contingentes de masas que sobreviven en la cotidiana rutina del áspero oficio del diario vivir una vida a ras de los suelos. Los seres anónimos, los desconocidos de siempre...

El mexicano, pongamos por caso. Si se ufana, en cuanto individuo, en procura de la perfección, casi siempre carece de la educación correspondiente, y es la ignorancia el achaque que lo mantiene en situación vulnerable, y cae siempre ante el ataque de esos sus enemigos que le dificultan el vuelo natural hacia la entelequia, que decía Aristóteles.

Y claro, sí, entre los que le cortan las alas están los medios de condicionamiento de masas. Lóbrego...

Porque el pobre de espíritu, inquilino de la violencia, la pobreza y la inseguridad, busca evadirse de una realidad que lo supera, lo lacera y agobia, y en ese intento de hurtarle el cuerpo a lo que no puede evitar va, se refugia y cae de lleno en el alcohol u otras drogas casi tan nefastas como la botella: coca, mariguana, metanfetaminas, el televisor, esa puerta falsa, puerta excusada, que el mexicano tiene abierta de par en par, sin percatarse de que la TV representa un capital de miles de millones, y que como negocio del gran capital sus intereses no sólo difieren de los del televidente, sino que se le contraponen y medran de él; que el medro de la TV radica en el desmedro de las masas sociales en provecho del gran capital. Macabro...

Esas masas también precisan de una rajuela de esperanza que les avive su desfalleciente sentido de la existencia, y esa esperanza la encuentran en el credo religioso, cualquiera de ellos. La católica es la religión mayoritaria, y en ella se refugian las masas en busca de la esperanza de una vida mejor, que se le promete, sí, pero en la otra vida, y ello si logra pasar el juicio inapelable de Dios. Es ahí donde la jerarquía católica, a contracorriente de las leyes de Dios y del Estado, manipula el tremendo ascendiente que tiene ante los feligreses, las ovejas del rebaño “del Señor”, para aplicar en ellos una moral restrictiva, represiva, que les lleva a caer en el engaño de tomar como preceptos religiosos ciertos tabús: el preservativo, la educación sexual, la píldora del día siguiente, la interrupción del embarazo antes de las 12 semanas y tantos otros recursos que la sotana transforma en pecados. En anatema. En excomunión. Y como a los 85 millones que participan del ritual católico, que no de su esencia, desde pequeños se les ha infundido la obediencia como “virtud”, pues... a obedecer. Qué más.

Pemex fue motivo de escándalo, en aquella ocasión porque manipulaciones de los entreguistas al gran capital extranjero provocaron un clima ominoso que llevó a la movilización ciudadana encabezada por López Obrador. El alto clero, entonces, a jugar una vez más su papel de aliado al sistema.

“La lucha por Pemex no es de falsos profetas e iluminados. AMLO qué sabe del tema. Calderón, en cambio, tiene argumentos y son sustentables. ¡Que los católicos no salgan a manifestarse en las calles!”.

Los Pinos, la TV, las sotanas. (Uf).
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