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Dan T
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28 Agosto 2018 04:06:00
Pobre líder rico
¿Te has preguntado para qué sirven en México los sindicatos? Quiero creer que hay excepciones, pero la gran mayoría sirve para una sola cosa: hacer millonarios a sus dirigentes. Bien me lo decía mi madre: “No estudies una carrera, métete de dirigente sindical”; pero no, en lugar de hacerle caso, ahí va el baboso a estudiar periodismo. Y si no me crees, veamos algunos de los más importantes sindicatos de México:

En primerísimo lugar está el sindicato de maestros, que desde 1988 hasta 2012 fue dirigido, como si fuera de su propiedad, por Elba Esther Gordillo. En esos 24 años, la maestra se hizo de una fortuna que ya la quisiera Carlos Slim para un fin de semana en Acapulco. No le bastaron las mansiones en San Diego, las compras en Houston, las vacaciones en Europa, las obras de arte y los penthouse en Polanco, ¡hasta un partido político se compró la señora! Dicen que el dinero, como el alcohol, en exceso apendeja y Elba Esther se sintió más poderosa que Dios, por lo que terminó en la cárcel como una venganza política de Enrique Peña y del PRI. Y ahora que el manto bendito de AMLO le ha limpiado todos sus pecados, ya está moviéndose para recuperar el control del SNTE y, por supuesto, de todo el dinero que maneja el sindicato. Y se entiende: esas cirugías plásticas no se pagan solas, las pagan los maestros con sus cuotas.

Luego está el sindicato de petroleros, que encabeza Carlos Romero Deschamps, que si no fuera sindicalista seguramente sería protagonista de un programa sobre mafiosos italianos en Blim (no le alcanza para llegar a Netflix). Este sujeto es un auténtico hampón, o tal vez habría que decir tampón, pues es un auténtico chupasangre, ya que no se conforma con las cuotas de los sindicalizados. No, señor, Romero Deschamps es también un próspero empresario gracias a que obtiene jugosos contratos ¡de Pemex! Resulta que los trabajadores petroleros tienen varias empresas que le venden servicios o productos a Pemex, lo cual les deja más dinero que un pozo petrolero.

Y lo peor no es eso: al angelito tú y yo le pagamos un sueldazo desde hace muchos años, ya que ha pasado de senador a diputado, ida y vuelta, una y otra vez. Y en todos esos años no ha presentado una iniciativa que valga la pena ni ha dado un debate memorable, pero, eso sí, ha cobrado puntualito cada una de sus quincenas, sus bonos, sus moches y todo aquello que integra el botín de los legisladores.

Y así llegamos a uno de los casos más extraños del sindicalismo mexicano: el ferrocarrilero. Resulta que su líder es Víctor Flores, que empezó como golpeador, siguió como golpeador, llegó a la cumbre como golpeador y como dirigente del sindicato hasta patrocina golpeadores profesionales, pues resulta que organiza funciones de lucha y box con cargo a las cuotas sindicales. Hasta un torneo hicieron con su nombre. Víctor Flores es como ese tío que ve con ojos libidinosos a todas sus sobrinas. A pesar de sus 123 años de edad, tiene el cabello negro azabache, con un corte tipo los Beatles (o Tizoc, para que me entiendas) con todo y fleco cubriéndole la frente. Quiero pensar que ese es realmente su cabello, porque nadie, ni borracho, sería tan tarado de pagar por una peluca tan ridícula. ¿O sí? Bueno, pues el caso es que Víctor Flores se acaba de reelegir como líder del sindicato para otros 4 años, con lo cual llegará a 27 años al frente del gremio. Lo curioso del asunto es que el sindicato ferrocarrilero supuestamente tiene 18 mil agremiados, a pesar de que en México ¡ya ni hay ferrocarriles! En realidad, el sindicato vive de los jubilados y liquidados de lo que fue Ferronales y poco o nada tiene qué ver con los pocos trenes que hoy quedan en el país. Como quien dice, al sindicalismo mexicano se lo llevó el tren… de la corrupción.

¡Nos vemos el jueves!
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