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Federico Muller
Federico Muller
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30 Noviembre 2018 04:05:00
Poder de mercado
La Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) acaba de publicar un estudio que revela el poder monopólico que todavía se da en la economía nacional: la carencia o poca competencia en los mercados hace que los consumidores paguen un sobreprecio por los artículos que adquieren. Se confirma así uno de los postulados de la economía clásica: entre menos competidores se encuentren ofertando productos, los márgenes de ganancia para los productores y distribuidores serán superiores a los que se fijan en otras economías más competitivas, pero similares en volumen a la mexicana, manejos que desde antaño han sido criticados por los economistas ortodoxos.

Para algunos, los desequilibrios en los mercados no son otra cosa que fallas que el Gobierno debe combatir en su papel exclusivamente de regulador. La mundialización del comercio, mediante la importación de artículos similares a los que se producen en México, no ha sido suficiente para abandonar estas viejas prácticas; tal parece que han venido en aumento por el encarecimiento de varias divisas sobre el peso, en particular, la depreciación frente al dólar estadunidense.

Los datos que da a conocer la Cofece sobre el poder de mercado son significativos especialmente porque afectan a las clases económicas más populares. Los más pobres, ubicados en los primeros deciles del ranking estadístico de ingreso, llegan a pagar hasta 31 pesos de sobreprecio por cada 100 pesos de percepciones salariales que genera la familia por el trabajo. En cambio, en las posiciones económicas más holgadas la cantidad de sobrepago disminuye drásticamente hasta alrededor de 6 pesos, simplemente por el hecho de vivir en zonas mejor equipadas y por la facilidad de transportarse a otros sectores geográficos con mejores servicios y productos sustitutos.

Entre los postulados que maneja la teoría económica sobre precios y tarifas habla de que estos deben determinarse por los costos que tienen los servicios energéticos, materias primas, insumos, trabajo, entre otros, utilizados en el proceso de fabricación o prestación de bienes y servicios, pero no habla de ganancias extraordinarias que se dan al elevar los precios por la escasez de competidores o su plena inexistencia.

Una de las desventajas que han tenido las economías subdesarrolladas, y en menor escala las desarrolladas, ante la globalización, o mejor dicho como consecuencia de la misma, ha sido la compra de empresas por inversionistas extranjeros o la fusión de las mismas por empresarios nacionales o internacionales. En ese sentido, la concentración ha sido a escala planetaria, pero se agudiza en países como México por la composición de su estructura económica porque el poder de mercado es inmune a que las empresas monopólicas pierdan consumidores, ya que estos no tienen más opciones de compra, es decir otros establecimientos en donde satisfacer sus demandas primarias.

Además, se presentan otros factores que favorecen tales prácticas monopólicas, entre ellos, la integración vertical, aunque paulatina, de las empresas cuasimonopólicas, que tratan de cubrir todos los requerimientos de los bienes y servicios que les demanda la población. Uno de los mercados más concentrados en este país es el farmacéutico, que es dominado por firmas extranjeras que aprovechan en gran manera la rentabilidad que obtienen por las patentes y  licencias logradas por sus descubrimientos e innovaciones en el terreno de la investigación y desarrollo en la mejora de la salud.

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