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Paúl Garza
Paúl Garza
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18 Junio 2018 04:00:00
Policía desorganizada vs delincuencia organizada
Los recientes episodios de violencia política-electoral con una penosa y larga lista de homicidios, ejecuciones y atentados por la delincuencia organizada que han sacudido el país, pero más aquí en corto con el disparo a mansalva y mortal en contra del joven exalcalde nigropetense y candidato a diputado federal Fernando Purón, radiografiaron de cuerpo entero la incapacidad de la Policía para brindar protección y seguridad a la que está obligada con la ciudadanía en lo general.

Sería ocioso proporcionar cifras de los rezagos de cada uno de los crímenes olvidados, archivados y sepultados bajo el manto de la impunidad, en los cuales probablemente iniciaron investigaciones pero nunca terminaron por esclarecer. Los expedientes de estos casos siguen dormidos y empolvados.

Las ejecuciones fríamente calculadas, que nada le piden a las escenas sangrientas de las películas y series sobre cárteles, narcotraficantes y lavado de dinero, son perpetrados por expertos o profesionales adiestrados o entrenados para ello.

Sin embargo, el tema aquí es la Policía que como primer respondiente a cualquier hecho delictuoso, su función se reduce a acordonar y custodiar el área de evidencias para luego esperar a los investigadores estatales o federales a que estos se hagan cargo de las pesquisas de rigor.

Mucho se ha criticado el desempeño de los policías preventivos que la neta ningún delito previenen, salvo el arresto a los conductores ebrios y alteradores del orden público, pero en la mayoría de las veces acuden después de consumados los hechos en donde una persona resultó herida o asesinada, mientras el probable responsable se dio a la fuga sin contratiempo, gracias a la pasividad y negligencia policial.

Pero más que enfocarnos en los resultados, -a toro pasado ya para qué-, la reflexión debe remontarnos al origen, a las causas y a los elementos que contribuyeron al desenlace y a las consecuencias.

En ese sentido, además de la profesionalización en todas las ramas policiacas encargadas de preservar la seguridad y protección de todos, tampoco se debe escatimar recursos para ofrecer las oportunidades negadas a los jóvenes frustrados que encontraron mejor “progreso en su nivel de vida” en el mundo criminal.

La educación gratuita y de calidad, acceso a la salud y a los programas de bienestar social, además de un entorno seguro, alejados del vicio, la vagancia y la malvivencia, propone mucho a la erradicación o disminución de potenciales delincuentes.

Mientras no se generen estas condiciones que propicien la superación y el crecimiento en todos los niveles, la oferta de las actividades ilícitas será siempre de lo más atrayente.
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