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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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06 Mayo 2018 04:00:00
Por amor al beisbol
“Haz de tu vida un juego de beisbol: Batea las tristezas, anota las alegrías, corre por tu felicidad y róbate las sonrisas que te pitcha la vida”.
Alfredo Lugo
Periodista y comentarista deportivo mexicano


Algo he hablado en esta columna de mi pasión por el rey de los deportes, el beisbol, incluso por ahí del mes de octubre, en pleno Clásico de Otoño, escribí un par de columnas tratando dicho deporte. Mi pasión no es gratuita, de chavalo lo practicaba tooooooodo el verano y hasta bien entrado el otoño en el barrio donde viví y en la escuela donde estudié. Pero la pasión como aficionado se la debo en lo particular a tres personas: a mi tío Jesús Gómez, primo de mi madre que cuando en los 70 lo trasladaron en su trabajo a vivir acá a Saltillo, el banco para el que prestaba sus servicios le daba boletos para ir a ver jugar a los Saraperos y siempre cargaba conmigo; la segunda persona fue otro de los asistentes que vivieron en casa de mis padres siendo yo igualmente niño y que el no sólo cargaba cuando podía conmigo al parque Madero, sino que me enseñó a jugarlo bien, Rubén Sotelo Rodríguez se llama; y la tercera persona fue mi tía Gloria Marruffo, quien hasta su partida fue la fisiatra del hoy equipo verde y que siempre tuvo el palco inmediato al dogout del equipo visitante, e igualmente seguido me invitaba a disfrutar de la pelota caliente. Y ahora que se está jugando, luego de casi 20 años de no hacerlo, no sólo un juego de temporada regular, sino una serie completa de Grandes Ligas acá en México, específicamente en Monterrey, yo ando como niño berrinchudo rumiando mi tristeza porque cuando los boletos de los tres juegos entre mis amados Estibadores de Los Ángeles y los Padres de San Diego se pusieron a la venta yo no traía dinero; y ahora que, bendito Dios, ando más desahogadillo, ¡ya no hay boletos!

Y bueno, otra de las cosas que han descubierto que me apasiona es la poesía, columnas las más creo he usado para hablarles de distintos autores y he traído acá cualquier cantidad de poemas; y para vencer mi tristeza y frustración de no poder ir a ver aunque sea un juego de primer mundo en esa parte de Coahuila que se llama Nuevo León, me refugié en un libro de esos raros que suelen caer en mis manos llamado Pelota de la Magia. Sí, es un libro de poemas dedicados al beisbol escrito por Quetzalcóatl Vizuet, cuyos textos no tienen desperdicio alguno. Les dejo algunos de ellos para ver si, compartiéndolos logro alejar esos malos sentimientos derivados, como dije, de no poder ver el beisbol de la gran carpa.

Luces del parque

La noche beisbolera
congrega un tumulto
de gargantas que braman;
un tigre escala luces,
el parque se levanta
en rugidos y nubes.
Un hombre se petrifica en home;
con su bate de auroras,
intenta llegar alto.
El lanzador convertir en bólido
la pelota de plata
que se ablanda ya en hule y se vuelve misterio
para salir del guante en silenciosos vuelo;
el bateador inicia su giro, swing eterno,
que impacta la bola para enviarla al cenit;
el tigre de las gradas alumbrado de lunas,
estalla en mil bramidos cuando la bola viaja
¡Traspasó ya la cerca, el homerun se proclama!
Y un diamante de nubes se forma allá en la altura.

***

Milagro en el beisbol

Se adivina la flama
que surge de su mano;
cuando lanza hacia home,
la curva se dibuja.
envuelve un resplandor
que viene del montículo;
la lomita se cubre
con un aura celeste.
La energía de la bola
se funde con el viento
cuando por fin un bate
rompe el gran silencio.

***

Infield de nubes

Pretende todo el cuadro
lograr doble matanza
que salve a nuestro equipo
en el cierre de la siete.
¡Fatídico episodio!,
dicen las malas lenguas,
¿o de la gran fortuna?,
el optimismo exhala.
Lo cierto es que del cielo
de pronto cae la lluvia
se cubre todo el campo
con el vaho perfecto;
alrededor del parque
la oscuridad persiste,
arrecia el aguacero
con sus llamas de plata.
La tarde beisbolera
por ahora se ha ido,
el diamante se cubre
con la lona de olas.
–Ya volveremos– el alma de la bola.

****

Turbina en el montículo

Una tromba de fuego
que penetra hasta el home
se vislumbra en la tarde.
La mascota del cátcher,
toda de recio cuero,
se cimbrará en su centro.
¡Heroico receptor!
El juego termina
la bola de nudillos el strike cruza al filo
el out veintisiete se mira en las alturas:
el partido perfecto se viene a completar.


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Twitter: @jgmvalero



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