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Guadalupe Loaeza
Guadalupe Loaeza
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23 Enero 2018 04:00:00
Por las mujeres
Qué no haría yo por las mujeres: las golpeadas, las acosadas, las violadas, las desaparecidas y las asesinadas. Cómo indigna y cómo duele saber que el número de feminicidios aumentó en el 2017, 72.2% en 2017 respecto a 2015. En este mismo periodo, los homicidios dolosos crecieron 47.2 por ciento. “La contabilidad del delito de feminicidio se realiza conforme a su tipificación en las entidades federativas, la cual se ha venido dando de forma gradual durante los últimos siete años, completándose las 32 entidades federativas en octubre de 2017”. Son datos duros, durísimos de digerir. Si no estuvieran escritos negro sobre blanco en el documento del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), no lo creeríamos.

El 21 de enero del 2018, Antonio Baranda publicó en nuestro periódico que los estados que tuvieron, el año pasado, el mayor número de feminicidios son “Sinaloa, con 82; Veracruz, con 79; Oaxaca, con 58; Estado de México, con 57; Nuevo León, con 43, y Ciudad de México, con 37”. Unos días antes, Guadalupe Campanur Tapia apareció estrangulada y su cuerpo tirado en la carretera, en Michoacán). El 12 de enero, Gloria Castellanos, de 24 años, de Tuxtla Gutiérrez, fue a buscar unos fuegos pirotécnicos en un salón de fiestas, unos días después su cuerpo fue encontrado dentro de un pozo a 100 metros del salón de fiestas. Según el informe de la autopsia, murió de asfixia por estrangulamiento. Según los datos de ONU Mujeres y el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, 7.5 mujeres son asesinadas cada día en promedio.

El sábado pasado se manifestaron, por segunda vez, miles de mujeres en Washington, Nueva York, Los Ángeles y otras ciudades importantes de Estados Unidos, contra el machismo, el acoso sexual, la inequidad de género y por supuesto, la Administración del presidente Trump. “No creo que nada de esto hubiese sucedido si Hillary hubiera ganado”, la activista Lisette Cheresson y una de las organizadoras de la marcha dice: “Hubiéramos seguido viviendo bajo la certidumbre que habíamos roto el techo de cristal, cuando en realidad únicamente lo habíamos estrellado”. Ella compara esta posibilidad con la Presidencia de Obama: “cuando la gente pensó que el racismo había terminado, realmente no fue así”. La periodista Charlotte Alter, de la revista Time, asegura que esta marcha se está convirtiendo en una verdadera fuerza política.

En todos los reportajes que leí a propósito de esta marcha, que muy pronto se dirigirá a las urnas para las elecciones legislativas de 2018, en ninguno de ellos se referían a los feminicidios. (Seguramente en Estados Unidos no es una causa muy socorrida). Este año, como el pasado (la manifestación más grande y concurrida que se ha llevado a cabo en Estados Unidos), me hubiera gustado haber marchado con ellas para protestar por lo que sucede en mi país. ¿Por qué no hacerlo en México? Porque para que surtiera efecto tendríamos que salir a marchar decenas de miles de mujeres por todo el Paseo de la Reforma, organizadas por diferentes asociaciones civiles. Tendríamos que protestar y unir nuestras voces por las víctimas de otros estados de la República en los que sí protestan pero de una manera local. Qué estéril es enterarse de estos horrores por el periódico o las noticias, y no hacer nada. Cuando leemos estos hechos, nos limitamos a fruncir el ceño y dos minutos después se nos olvida para informarnos acerca de las precandidaturas. ¿Por qué los precandidatos a la Presidencia no incluyen el problema del feminicidio en sus discursos? ¿Por qué no se refieren a él explícitamente si allí están los datos duros? Qué solos, incomprendidos y frustrados se deben de sentir los familiares de las víctimas, en un país donde sólo el 25% de los casos es investigado como feminicidio.

Nunca como ahora la sociedad mexicana había estado tan abrumada y enferma con tantas malas noticias: feminicidios, corrupción, impunidad, violencia, inseguridad y promesas y más promesas de las campañas. Y mientras las escuchamos, como si viéramos llover, nos enteramos por la Segob que el año 2017, “se convirtió en el más violento del que se tenga registro en México en las últimas dos décadas al cerrar con dos récords: (...) octubre se colocó como el mes de mayor número de asesinatos intencionales” (El Universal).

Con todos estos datos, ¿qué tal dormirá un señor llamado Enrique Peña Nieto?
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