×
Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
ver +
Blanca Esthela Treviño de Jáuregui, esposa, madre y abuela, proyecta a la mujer como formadora de valores, forjadora del carácter de los hijos y eje de la vida familiar. Su principal aportación como escritora es salvaguardar el bien común en todos los sentidos posibles a través del planteamiento de lo que es realmente femenino: el mejorar a la sociedad desde una perspectiva práctica, inteligente y comprometida con la tarea de revolucionar al mundo desde el interior de la institución familiar. Oriunda de Piedras Negras, siempre ha vivido en ésta ciudad. Correo Electrónico: [email protected]

" Comentar Imprimir
17 Junio 2018 04:00:00
¿Por qué tan pobres?
Es difícil para la persona que nace en extrema pobreza escapar de las redes de la indigencia para crear un nuevo destino. El libro de la economista Susana Mayer: ‘Lo Que el Dinero No Puede Comprar’ basado en numerosas investigaciones, arroja datos sombríos sobre la llamada Cultura de la Pobreza.

Mayer analiza dos tipos de pobreza: La pobreza circunstancial que resulta de falta de ingresos por una catástrofe, crisis familiar, enfermedad temporal o pérdida de empleo; la segunda, la pobreza existencial que se gesta en el vientre de la madre. El niño nace pobre porque el padre y la madre son pobres no solo en la materia, sino en el espíritu.

El término pobreza de espíritu no se refiere a humildad en el sentido de ausencia de soberbia, sino a la pobreza que, además de la carencia de recursos materiales, es pobre en ilusiones, sueños y proyectos: La ausencia total de fe y de esperanza en el futuro. Todo el potencial de la persona, sus capacidades y habilidades únicas quedan encapsuladas dentro de su ser.

La pobreza no se vive sólo en los países en desarrollo, sino que es evidente en amplios sectores de los países industrializados. Dice un refrán hindú: “Tú eres lo que es tu deseo más profundo. Lo que es tu deseo, es tu voluntad. Lo que es tu voluntad, es tu acción. Y tu acción marcará tu destino”.

¿Qué importancia tiene para las instituciones caritativas y organismos de asistencia gubernamental determinar el tipo de pobreza de los diferentes sectores de una población? Las investigaciones de Mayers revelan que la pobreza circunstancial se remedia con un trabajo bien remunerado, o con un préstamo para realizar un proyecto viable, mientras que la pobreza existencial se lleva en la sangre, en la mirada, en la ausencia total de autoestima y seguridad personal, en un sentimiento permanente de desamparo. No es cuestión de raza ni de sexo. Se da en todo el mundo y en todos los continentes. Y lo que es aún peor: Las actitudes de escaso o nulo valor personal se heredan.

Los niños engendrados en extrema pobreza y criados con desamor son marcados con cicatrices sicológicas profundas. En el parque ceden el columpio sin chistar, en el templo bajan la mirada y se retiran de la banca para dar lugar a los elegantes que llegan tarde: Ellos no se creen dignos de tener fe, ni merecedores de un espacio. A la escuela no asisten por no tener zapatos, y si llegaran a tenerlos aprenderían poco, no por falta de capacidad sino por escaso interés vital.

Las organizaciones asistenciales han comprobado que dentro de ambientes de escasos recursos los padres que a pesar de circunstancias críticas conservan la buena salud, la alegría de vivir, y valores como honestidad, diligencia, responsabilidad, con cierta ayuda material -solo un empujoncito- pueden romper el círculo de la pobreza: Sus hijos podrán ser criados en condiciones dignas.

Sin embargo, la pobreza existencial teje pensamientos, palabras y acciones en redes de desesperanza en torno a ella. En este tipo de pobreza no existe conciencia del valor del trabajo, sacrificio, deseo de superación, servicio a la familia, los amigos o la comunidad. Se vive solo el instante, sin sentido de futuro ni responsabilidad alguna, engendrando una nueva generación de pobreza: Se repite así la historia de desventura.

Es difícil romper el círculo de la pobreza existencial. ¿Cómo ayudar a la gente que nace en situaciones adversas y lleva aún a cuestas las cadenas de injusticia social de generaciones pasadas? ¿Cómo cambiar la actitud de quienes son meros observadores de la vida? ¿De aquellos que han puesto todas sus esperanzas en un mesías que vendrá a salvarlos?

Una canción ya olvidada dice: “Vendí mi vida en un centavo/ sin advertir que si hubiera puesto todo mi empeño/ cualquier cosa que le hubiera yo pedido a la vida/ todo, con gusto, todo, me lo hubiera dado”.

La Cultura de la Pobreza ha olvidado la música. Los padres desde hace ya varias generaciones no recuerdan las canciones de cuna. No iluminan el espíritu de sus hijos con amor, paz, alegría, entusiasmo y fe en el futuro. Los niños no saben que pueden tener todo si se lo proponen porque la vida es espléndida y generosa con quienes se esfuerzan.

Los grupos asistenciales compran para los niños leche y pan, pero no pueden comprar sueños, optimismo, esfuerzo personal y, mucho menos, ternura.

.(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo)
.(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo)
Imprimir
COMENTARIOS



  • 1
5 6 7 8 9 0 1 2