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Guadalupe Loaeza
Guadalupe Loaeza
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25 Mayo 2017 04:00:00
¿Potica o pizza?
Dos hombres con sensibilidades totalmente opuestas. Dos hombres con perspectivas en la vida, completamente contrarias. Y dos hombres con culturas diametralmente ajenas. Así se percibe en las fotografías y videos al Papa Francisco y a Donald Trump, durante la visita del presidente de Estados Unidos al Vaticano. Transparente como suele ser su Santidad, era evidente que la presencia de Trump no nada más lo irritaba, sino que lo abrumaba en extremo, a tal grado que el encuentro, en lugar de durar un poquito más de media hora, se prolongó por nada más por 27 minutos, los cuales contrastan con los 50 minutos que le dedicó a Obama. “Te lo ofrezco, Señor”, ha de haber pensado muchas veces el Papa en tanto hacia esfuerzos por respetar al máximo el protocolo de un encuentro con un jefe de Estado, sobre todo cuando le dijo: “Encantado de conocerle”. He allí una mentira, de la cual se tendrá que confesar cuanto antes. Así mismo, se excusó por no hablar correctamente inglés. Hay que decir que a pesar del abismo que existe entre estos dos jefes de Estado, hay conceptos en los que coinciden, por ejemplo: la condena al aborto, la eutanasia, medio ambiente, venta de armas, el matrimonio entre personas del mismo sexo, son algunos “valores no negociables”. No obstante, en febrero del 2016, el Santo Padre declaró acerca de Trump: “Una persona que sólo piensa en la construcción de muros, donde quiera que se encuentren, y no en la construcción de puentes, no es cristiano”, dijo Francisco. “Eso no está en el Evangelio”.

Por lo que se refiere a los regalos que intercambiaron al finalizar la entrevista, los del Papa representaban un gran simbolismo: “el mensaje que lanzó el último día de las Jornadas Mundiales para la Paz y un medallón con una rama de olivo grabada. ‘Es una medalla de un artista romano. Es el olivo, símbolo de la paz’, le ha dicho el Papa al término de la reunión. Segundos después, ha insistido: ‘Se lo doy para que sea instrumento de la paz’. A lo que Trump ha contestado: ‘Necesitamos paz’”. Además de su tres veces maravillosa encíclica sobre la ecología: “La cura de nuestra casa común, el medio ambiente”, le dijo Francisco. Con una sonrisa más falsa que un billete de tres dólares, Trump le entregó al Pontífice “una caja negra con los libros de Martin Luther King en su interior: ‘Es un regalo para usted, libros de Martin Luther King, pienso que le gustará... espero que sí’, ha señalado” (El País).

Por su parte, la primera dama de Estados Unidos no abandonaba su expresión de “whaaaaaaat?”. Siendo tan bella y elegante como siempre aparece Melania en los medios, en esta ocasión su arreglo no le favorecía en lo absoluto. Su pequeña mantilla resultaba demasiado pequeña. Su vestido negro, demasiado negro, y su lenguaje corporal, demasiado rebasado por las circunstancias. “Ella, eslovena de influencia católica (no está bautizada), que vivió un tiempo en Milán y habla algo de italiano, ha sido clave para ese distendimiento y ha pedido al Papa que le bendijese un rosario. Además, ha bromeado con el Pontífice sobre lo que come Trump: ‘¿Qué le da de comer? ¿Potizza?’, ha preguntado Francisco, en referencia a un dulce esloveno que le encanta y que pide siempre que encuentra a alguien de dicha nacionalidad”. De plano Melania no le entendió al Papa, ni sus amables palabras, ni mucho menos su sentido del humor y la gana de verse más amable con ella, que con su marido. “¿¿Pizza??”, alcanzó a murmurar. Segundos después reaccionó y exclamó: “Potica, ah sí”. ¿Por qué nadie le dijo a la primera dama que el Papa era un apasionado de la “potica” y que siempre acostumbraba preguntarle a los eslovenos acerca del pastel enrollado? Tal vez, Melania Knavs fue muy sincera y nunca le ha dado “potica” a su marido, sino nada más pizzas.

A partir de la mención del pastel que hiciera el Papa a Melania, ahora en todas las redes sociales y páginas de diarios internacionales leemos en qué consiste este platillo tan tradicional: “Potica es un strudel esloveno usualmente muy nutritivo con nueces, semillas de girasol, queso cottage, chocolate, tarragón y miel. Ha sido preparado por más de 200 años en platos de loza o directamente en el horno. Zdravka Balon, dueña de un restaurant en la pequeña ciudad eslovena de Bizeljsko, no lejos del pueblo natal de Melania, Sevnica, dijo que la potica ‘es probablemente el plato esloveno más tradicional’”.

A mi manera de ver, descubrir este pastel fue lo más útil de la visita de Trump al Vaticano.
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