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Ricardo Alemán
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13 Marzo 2017 04:00:00
PRD y Morena: violencia intrafamiliar
Los políticos, líderes y dirigentes del PRD y de Morena son una gran familia que vive los efectos traumáticos de la infidelidad, el divorcio, la pelea por la paternidad y, sobre todo, la alienación de una parte de los hijos –por uno de los padres– contra el otro progenitor.

Por ello, en esa peculiar disputa familiar no sólo se pelean la herencia y se cobran las venganzas propias de la infidelidad, la deslealtad y la traición, sino que al mejor estilo de Kramer vs Kramer, los padres se arrebatan a los hijos para chantajear al otro, para destruirlo y, en especial, para quitarle las propiedades y hasta la mismísima casa familiar.

La tragedia es que, a causa del divorcio de amarillos y morenos, ya están a la vista pública las peleas entre hermanos, la reedición del bíblico pleito entre Caín contra Abel, en tanto que otros reeditan la tragedia griega al reeditar el parricidio político.

Y no faltan aquellos que víctimas de una mala educación familiar y la ausencia de valores democráticos elementales, asoman signos de las feas desviaciones conocidas como complejo de Edipo o de Electra; el amor y el odio como trama de un culebrón político electoral.

La comedia es que, a pesar de que el divorcio de amarillos y morenos se produjo a cusa de una pública infidelidad -y que contribuyeron a la separación los efectos perniciosos de la violencia intrafamiliar–, hoy abundan los hijos interesados en proponer una reconciliación –reencuentro que hasta hace meses parecía imposible–, para que la feliz pareja de antaño regrese al altar y hogaño refunde una nueva familia en la prosperidad que promete el milagroso 2018. Es decir, predomina la ambición sin límite, sin reglas ni principios.

La miseria es que el padre protagonista de la infidelidad, el artífice de la deslealtad y la traición –el que puso casa aparte y la bautizó como Morena– es el mismo que se encarga de enfrentar a hijos contra padres. En Morena se han encargado de alienar a los hijos de la casa amarilla, para ponerlos contra la madre. Por eso, Miguel Barbosa y otros, hoy son activos destructores del PRD.

La consigna que mueve la trama –una vez consumada la infidelidad–, es la venganza de Morena contra los amarillos del PRD. ¿Y por qué la venganza? Porque si bien el divorcio de las izquierdas era una separación necesaria, también es cierto que el divorcio limitó las futuras victorias de Morena.

Por eso, una vez que Morena ve crecer su empoderamiento en la vida electoral de todo el país, también entiende que llegó el momento de destruir a los amarillos y saquear lo que aún queda del PRD, incluido el rescate de algunos hijos pródigos.

Por eso el llamado a Alejandra Barrales y a muchos otros que aún militan en el PRD. Por eso el grito de Morena en la plaza publica: “Es tiempo de dar el paso, hay lugar para algunos…” dice el padre, en su intento por alienar a la hija encumbrada.

Y es que la tentación –en tanto signo de traición– es la más poderosa de las armas usadas por el patriarca de Morena, para destruir su antigua casa. Por eso les grita a aquellos que aún viven en el PRD, que de seguir en la casa amarilla, el futuro que les espera es el de la miseria y la extinción.

En cambio, si “dan el paso” y regresan al paraíso de Morena, les espera el cielo. No importan las anteriores deslealtades, no importa la infidelidad y tampoco la traición. Tampoco vale la pena recordar la violencia intrafamiliar y que los amarillos hayan sido acusados de todos los males de la política, incluso de pertenece a la mafia del poder.

Si “dan el paso”, los amorosos brazos de Morena se abrirán para recibir a los hijos descarriados. Si “dan el paso”, se olvidará el pasado y entonces recibirán cargos y responsabilidades capaces de satisfacer hasta al más exigente. Si “dan el paso” entrarán a la gloria.

¿Cuánto hijos descarriados del PRD darán el paso y seguirán al padre que puso casa aparte y que los invita al nuevo paraíso?

Es posible que aún sean muchos.

Lo que no saben es que a pesar de las tentaciones y la invitación a la traición, en el PRD se quedarán algunos que saben que con un porcentaje de entre 8 y 10% de los votos serán capaces de cambiar la historia.

Es decir, los pocos que se queden en el PRD, con un candidato como Miguel Mancera, podrían levantarán una votación suficiente para vender caro su amor y garantizar su futuro, en los previos a junio de 2018; porcentaje suficiente para cambiar la historia.

Por eso la desesperación de Morena por llevarse todo el cascajo posible: porque aún no hay nada para nadie.

Al tiempo.
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