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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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23 Junio 2017 04:00:00
Prehistoria política
Hasta después de haber concluido los conteos de votos por parte del Instituto Electoral Coahuilense, el Instituto Nacional Electoral en voz de su presidente Lorenzo Córdova y dos de sus consejeros, Ciro Murayama y Jaime Rivera, vertieron sus primeras impresiones respecto a la elección local del 4 de junio.

Estos tres, en un ánimo de expiar sus culpas, se metieron en un galimatías de declaraciones absurdas, que lejos de menguar las dudas respecto a la eficacia del Instituto Electoral Federal, terminaron por confirmar lo que todos temíamos y que es que el árbitro electoral sirve para muy poco.

El primero, consejero presidente del INE, en una franca contradicción con la presidente del consejo general del IEC, reconoció que la elección en Coahuila no fue perfecta, pero calificó de descabellado decir que se cometió fraude o que hubo una regresión en materia democrática a lo que llamó prehistoria política; sin embargo, aceptó que hay cuestionamientos a varios aspectos del proceso electoral y se dijo dispuesto a corregir lo que sea necesario en relación con las fallas del PREP y del conteo rápido en Coahuila. (Como si eso hubiera sido la más importante de las fallas de esta elección).

Por su parte el doctor Ciro Murayama Rendón, consejero del INE, quien a mi gusto fue el principal responsable de la falta de vinculación entre el INE y el IEC, a pesar de ser su principal responsabilidad en ese consejo, ya que preside la comisión de vinculación entre el organismo federal y los estatales, en un afán de excusar su ineficiencia manifestó: “Si alguien tiene la percepción de que hubo procedimiento incorrecto que modificó lo que se definió en las urnas, debe de probarlo. Pero denunciar sin probar es algo inaceptable viniendo de actores políticos que son poderosas maquinarias. Incluso la oposición recibe muchísimos recursos públicos para hacer valer sus derechos. No son criaturas desvalidas, tienen la obligación de probar sus dichos”, por lo que consideró que los culpables de que todo haya salido mal eran los candidatos, por haberse autoproclamado triunfadores aun cuando no se tenían resultados preliminares confiables (los cuales nunca llegaron).

Por su parte, el consejero Jaime Rivera admitió: “estamos ante elecciones no perfectas, como nunca las hay, pero estamos ante elecciones ampliamente concurridas y con incidentes que difícilmente nos dan elementos objetivos para descalificar las elecciones”.

El colmo llegó cuando el mismo consejero presidente del INE intentó encontrar las diferencias entre la política de la prehistoria y la supuesta actual política propiciada por el nuevo Instituto Nacional Electoral, que él mismo preside, y voz en pecho exclamó y con gran inocencia también: “No existe una regresión a la prehistoria, ya que la prehistoria estaba caracterizada por el silencio; privaba la opacidad; había un monopolio de un único partido, que hacía saber al pueblo antes de la elección que iba a ganarla”, antes, dijo: “la solución de los conflictos se hacía con arreglos políticos en la sombra”.

Con estas absurdas declaraciones, los ciudadanos partimos de un hecho que es evidente y se confirma en cada elección: el IFE renunció a su tarea de garantizar los derechos políticos y democráticos de los ciudadanos y el nuevo INE ni siquiera se ha dado cuenta de que, en la última elección vivida y organizada por ellos, los vicios de la que el mismo llamó prehistoria política, por su culpa, siguen vigentes.
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