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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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08 Abril 2017 04:00:00
Preocuparse vs ocuparse
Trump, Andrés Manuel, el dólar, la inseguridad, la tarjeta, ese proyecto que no cuadra, los hijos, el calentamiento global, el equipo de soccer que no da una, Humberto Moreira regresa a la política, etc., etc., etc.

Preocuparse, un mecanismo ancestral para anticipar problemas y sobrevivir en un mundo hostil. Una “estrategia de defensa” que hoy es exacerbada con la comunicación instantánea que nos inunda de información. ¡Es tan fácil ahogarse entre preocupaciones!

“Para la mayoría, preocuparse es una forma de resolver problemas futuros, lo que se conoce como preocupación adaptativa. Pero en el extremo la preocupación crónica sobre peligros imaginarios provoca aprehensión y paraliza”, explica el Wall Street Journal (WSJ).

De acuerdo al rotativo, estudios del profesor británico Graham Davey prueban que los preocupones patológicos creen que “algo les pasará” si no “agonizan y arreglan” todos los detalles del evento que sea.

“Lo peor es que un mal hábito de preocuparse de todo puede perpetuarse. Investigaciones demuestran que el 85% de lo que preocupa a la gente no sucede. ¡El preocupón crónico creerá que no pasó porque se preocupó!”, explica Martin Rossman en el HuffPost.

El autor del libro La Solución Preocupona, sugiere que la clave para aprender a preocuparse bien es usar bien la imaginación. Distinguir entre problemas reales, su gravedad y lo que se puede hacer.

En evitar caer en el círculo vicioso del pesimismo patológico: “los preocupones crónicos son hípersensibles a eventos negativos y sus cerebros analizan todo lo malo que puede pasar”, explica el WSJ.

Y dado que no encuentran soluciones “apropiadas” inician de nuevo el ciclo: “al no confiar que funcionará lo que piensan regresan a su perspectiva negativa que les dice, preocúpate más”, explica Davey.

¿Cómo romper este ciclo para “preocuparse bien”? El profesor de la U. de Sussex sugiere 10 tips en PsychologyToday:

1. Convertir la preocupación en un problema. y resolverlo.

2. Olvide las preguntas tipo: “¿y si ___?”.

3. No se engañe: preocuparse no siempre ayuda.

4. Aprender a aceptar (y tolerar) la incertidumbre.

5. Buscar la manera de tener una perspectiva positiva.

6. No tratar de suprimir la preocupación.

7. Separar en el día tiempos específicos para preocuparse.

8. Cambiar de pensar “y sí ___” a pensar “cómo puedo ___”.

9. Para evitar insomnio por preocupación: mantenga papel y lápiz junto a la cama. Si se levanta, apúntelo y duérmase.

10. Viva en el presente. No gancharse con preocupaciones sobre el futuro, ocuparse.

Por su parte, el WSJ enlista consejos de varios expertos:

–Preguntarse: ¿se justifica el nivel de preocupación con la probabilidad de que suceda y sus consecuencias?

–Contarse una mejor historia alternativa.

–Poner un “timer”: 15 minutos para preocuparse.

–Gritar: ¡se quema! Imaginar se quema todo lo que le preocupa.

–Distraerse en algo, hacer un plan.

Me detengo en la última sugerencia. En lugar de preocuparse, ocuparse. Esa es la clave. Pero no en cualquier cosa, sino en lo que valga la pena. Por eso le propongo una variación de la caja de Eisenhower (relea Guía Simple de Vida).

Esta cajita funciona para cualquier preocupación utilizando dos criterios (probabilidad e impacto) y dos calificaciones (alta y baja). Cuatro cuadrantes, cuatro estrategias:

1. BAJA probabilidad, BAJO impacto: Olvide. y ríase.

2. ALTA probabilidad, BAJO impacto: Cree un plan sencillo. Enliste consecuencias de bajo impacto. ¡y despreocúpese!

3. BAJA probabilidad, ALTO impacto: Monitoree. ¿Qué podría cambiar la probabilidad de que suceda? Esté atento.

4. ALTA probabilidad, ALTO impacto: Ocúpese. Cree un plan detallado. Calendarice, actúe y ajuste.

Una preocupación sana es un arma poderosa en un mundo dinámico e implacable. Pero en el otro extremo también puede paralizar a cualquiera atrapándolo en un engaño circular interminable.

Como bien dicen los expertos: la diferencia está en la actitud y los hábitos personales. Por lo pronto, ahora que se acerca Semana Santa le propongo: ¡no se preocupe por nada! ¿Se apunta?

En pocas palabras.

“Preocuparse es pagar una deuda que quizá nunca se venza”.

Will Rogers, actor norteamericano
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