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Juan Latapí
Juan Latapí
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18 Febrero 2018 03:10:00
Pretextos
ES YA COSTUMBRE QUE CUANDO pedimos a cualquier autoridad una explicación de algún hecho, nos responden con pretextos. Desde un sencillo trámite hasta la toma de decisiones que afectan a la gran mayoría invariablemente nos tropezamos con los pretextos.

VIVIMOS EN EL REINO DEL pretexto y de la barra, donde resulta más fácil inventar una justificación o buscar un culpable antes que responder frente al error, donde la razón simplemente no existe.

CRECEMOS Y APRENDEMOS A SOBREVIVIR en el mundo de los pretextos y las simulaciones; prácticamente a nadie se educa para asumir sus responsabilidades, para bien o para mal, dando la cara y afrontando las consecuencias. Buscar culpables siempre ha sido más fácil que encontrar soluciones.

EN LA ESCUELA APRENDEMOS A justificarnos por no cumplir con las obligaciones usando pretextos a veces inverosímiles. Al practicar algún deporte fingimos de manera sobreactuada una falta para engañar al árbitro; si no lo conseguimos nos levantamos como si nada.

LO MISMO SUCEDE CON LOS vecinos y en el trabajo, donde a cada rato escuchamos “la próxima semana te pago”, “mañana empezamos”, “el lunes inicio la dieta”, “ahora sí, mañana voy a ir”, “la última y nos vamos”, y así, una interminable lista de pretextos y excusas.

CUANDO LA APROBACIÓN DEL PRESIDENTE en las encuestas está en sus niveles más bajos de la historia, de inmediato surgen las justificaciones descalificando las estadísticas, que no son confiables o que son problemas inevitables. Y cuando cuestionamos al actual gobernador, que no puede culpar a las administraciones pasadas, nos distrae diciendo que ahora sí, ya casi vivimos en el paraíso, aunque las promesas de campaña sigan durmiendo el sueño de los justos, los abusos de la Policía Estatal infrenables y la justicia por los suelos, aunque la percepción de la corrupción se mantiene en los primeros lugares a nivel nacional.

Y SI NUESTROS GOBERNANTES SE equivocan le echan la culpa a situaciones del mercado, del clima, del TLC o lo que se les ocurra; jamás los escuchamos reconocer que se equivocaron, ofrecer una disculpa y mucho menos los veremos que se preparen o se rodeen de expertos y, principalmente, gente honesta.

Y CUANDO UN CANDIDATO OFICIAL pierde la elección, pretexta que hubo anomalías, dados cargados o que se negoció. ¿Por qué no reconocer que al candidato le faltaron carisma, capacidad y convencer a los electores?

CUANDO UN MÉDICO DEJA OLVIDAD una gasa en el vientre de un paciente de inmediato acusa a la enfermera, ésta al anestesista y éste al primero que se le atraviesa; total, nadie se responsabiliza. Situaciones similares acontecen en diferentes instituciones, empresas y oficios.

ANTE EL FRACASO DE LA Selección Mexicana de futbol, sin avanzar más allá de donde nunca se ha pasado, inventamos diferentes pretextos, negando la realidad y festejamos un empate a cero como si se hubiera ganado la copa. Pero eso sí, aún seguimos rumiando que no fue penal.

Y CUANDO ALGUIEN TIENE QUE reconocer que se equivocó, que fracasó, lo hace de dientes para fuera, con cinismo y apostando a la desmemoria. Hoy en día resulta sorprendente y extraño que alguien reconozca su error, se disculpe y se ponga a reparar la falla preparándose para evitarla en lo sucesivo. Y es que nos enseñan para ser exitosos, para ser triunfadores, pero nunca nos enseñan a fracasar, a como sacar provecho de los descalabros que forman parte de ese mismo éxito.

ESGRIMIR UN PRETEXTO ES ENGAÑAR y engañar es mentir. Habrá quien diga que hay mentiras creativas o piadosas pero una mentira siempre será un engaño. Y somos expertos en mentir de múltiples maneras, prometiendo lo imposible, echando rollos cantinflescos, descalificando al adversario, diciendo verdades a medias, calumniando, propalando chismes y rumores, siendo omisos, sin querer ver ni oír.

DE TODOS LOS TIPOS DE engaños el más fácil es el autoengaño que a la vez es el más peligroso. Poco a poco nos atrofia la capacidad de reconocer la realidad, nulifica la capacidad de asombro, diluye la solidaridad y aniquila la razón. Es pocas palabras, nos deshumaniza.

LA INVESTIGADORA SARA SEFCHOVICH EN su trabajo México país de mentiras señala que con la actitud de engañar fomentamos la desconfianza, la corrupción, la impunidad, la doble moral, la desmemoria, y lo que es peor, la desesperanza.

ES INCREÍBLE QUE NO SEPAMOS aceptar nuestras responsabilidades, limitaciones y fracasos y siempre busquemos un pretexto o algún chivo expiatorio en vez de la autocrítica y prepararnos para ser mejores. Si la creatividad que tenemos para inventar pretextos y mentir se utilizara para aprender, terminaríamos con la maldición de tropezarnos siempre con la misma piedra una y otra vez.

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