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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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05 Marzo 2017 04:00:00
PRI: rebelión y aniversario
La reciente rebelión soterrada al interior del PRI, que obligó a su dirigencia nacional a cambiar de última hora el nombramiento de José Murat al frente de la CNOP para mandar al polémico exgobernador de Oaxaca a la Fundación Colosio, es un fiel indicador de cómo arriba el viejo partido a sus 88 años de existencia. Desgastado, dividido, con un desánimo creciente entre su militancia y una crisis de liderazgo entre sus cuadros dirigentes, el priismo, que apenas hace 5 años lucía como la poderosa “maquinaria electoral” resucitada y restaurada y presumía, de la mano de Enrique Peña Nieto, de una entelequia autonombrada “Nuevo PRI”, hoy parece agotado y relegado a un histórico tercer lugar en las encuestas.

Ese es el contexto en que hoy el presidente Peña Nieto encabeza, en la explanada de la sede nacional priista, un aniversario que, con arengas, intentará no sonar como exequias. La presencia de su jefe máximo, que también llega desgastado y convertido en un lastre que arrastra negativamente a la marca PRI, obligará al comportamiento institucional y disciplinado que caracteriza a los priistas, en un festejo convocado casi en secreto, con invitaciones tardías y discretas que apenas el jueves por la tarde comenzaron a enviarse a la selecta concurrencia de la cúpula priista, como si en la dirigencia temieran protestas que empañen la discreta celebración.

Porque justo horas antes del evento de hoy, el dirigente nacional Enrique Ochoa Reza tuvo que meter reversa a la decisión de nombrar a José Murat Casab como nuevo dirigente la Confederación Nacional de Organizaciones Populares. La llegada de Murat al sector popular desató una tormenta interna y externa que convulsionó al viejo partido.

Con todo y la cercanía personal y política que Ochoa tiene con Murat (por una beca económica que el entonces gobernador dio al joven estudiante de maestría, junto con alojamiento en un departamento de Nueva York que compartía con su hijo Alejandro Murat) la decisión de llevar al oaxaqueño a la CNOP no fue sólo del dirigente priista. Luis Videgaray, el secretario de Relaciones Exteriores que funge como “jefe político” del presidente del PRI, fue quien decidió que las habilidades de operador electoral consumado de Murat –vulgo mapache en lenguaje priista– eran necesarias para las difíciles elecciones del 4 de junio en el Estado de México, Coahuila y Nayarit.

Pero la idea de Videgaray, apoyada por Peña Nieto e instrumentada por Ochoa, no fue bien recibida ni al interior del priismo ni en la opinión pública. Corrientes y figuras priistas cuestionaron la designación a través de cartas y mensajes al dirigente de su partido, mientras en columnas políticas criticaron al exmandatario oaxaqueño. La rebelión soterrada que llevó a Enrique Ochoa a convocar a una reunión interna con su equipo y sus asesores más cercanos a finales de la semana pasada. “¿Cómo ven la decisión?”, preguntó el dirigente a sus asesores. “¿Tú que reacciones y comentarios has recibido?”, preguntó uno de los consejeros. Ochoa reconoció que había demasiados cuestionamientos y críticas al nombramiento entre dirigentes del partido que le habían expresado su opinión por diversas vías. Se analizaron entonces escenarios y salidas.

Gamboa, el “factótum” al rescate. La figura de Emilio Gamboa, convertida en factótum actual en el PRI, volvió a pesar y le dio a Enrique Ochoa una salida: Arturo Zamora, senador jalisciense cercano al líder senatorial, iría a la CNOP, mientras que a Murat se le daría una salida política mandándolo a la Fundación Colosio y a Hilda Flores al Organismo Nacional de Mujeres Priistas.

No fue esta la primera vez en que el grupo cercano de Peña Nieto intentó llevar a Murat a la CNOP. Durante la presidencia de Manlio Fabio Beltrones desde Los Pinos le pidieron al sonorense habilitar al exgobernador oaxaqueño como líder del sector popular, argumentando el “gran apoyo” y los servicios políticos que Murat Casab le prestó al Presidente al ser uno de los artífices del Pacto por México que operó por su cercanía con Jesús Ortega, líder de “Los Chuchos”, y con Santiago Creel en el PAN, a principios del sexenio peñista. Beltrones se opuso a la petición y argumentó el oaxaqueño provocaría polémica y cuestionamientos para el PRI.

Y esta vez, impulsado por Videgaray, aquel pronóstico se cumplió. Por eso el cambio obligado en el que el propio Murat, en un diálogo privado con Ochoa, aceptó declinar a su aspiración por la CNOP en la que ya había iniciado reuniones por el país. A cambio aceptó la muy conveniente salida de ir a la Fundación Colosio, desde donde más que ideas o reflexiones, desplegará sus oficios electorales para apoyar al dirigente del PRI. Al mismo tiempo Ochoa confirmó el único nombramiento totalmente suyo que sí pudo concretar: la llegada de Claudia Ruiz Massieu, su amiga cercana y excanciller, a la Secretaría General, tras la renuncia ayer de la incómoda Carolina Monroy, con la que el presidente del PRI tuvo una tensa relación.

Ayer Carolina recibió en las oficinas priistas a Ruiz Massieu y, con cordialidad política, le presentó al equipo de la Secretaría General y le hizo entrega del despacho. “¿Se va con algún resentimiento?”, le preguntaron la tarde de ayer los reporteros a la política mexiquense. “Yo no tengo ningún resentimiento. Son procesos, son ciclos que se cierran. Lo que estoy es agradecida”, dijo en su despedida Monroy del Mazo.

Resuelta la crisis de sus nombramientos –convenientemente definidos antes del evento de hoy en el que la presencia del presidente acallará cualquier inconformidad interna que pudiera haber en el priismo– Murat se convertirá en el nuevo ideólogo del PRI desde la Fundación Colosio, Gamboa retomará el control que ya ha tenido antes de la CNOP con Zamora y Ochoa tendrá a una aliada en la secretaría General, mientras que Claudia Ruiz Massieu, sin experiencia en operación partidista o electoral, es rehabilitada políticamente tras su abrupto despido de la cancillería, en lo que muchos interpretan como la confirmación de la vigencia política del salinismo.

Así llegará el PRI hoy a sus 88 años: tratando de darse ánimos y de ocultar las grietas cada vez más evidentes en la fracturada unidad partidista. Juntos, el presidente y su partido, se lamerán las heridas e intentarán mostrar una fortaleza aparente para enfrentar primero la difícil aduana de las elecciones locales de este año y luego una sucesión presidencial a la que llegarán en tercer lugar de las encuestas y con todos los pronósticos en contra. Con todo, nadie puede dar por muerto al viejo PRI. Los que cometieron el error de hacerlo después de su derrota histórica en el año 2000, después tuvieron que tragarse sus palabras. Con este dinosaurio, que hoy parece tocado, atravesado y herido de muerte por la lanza inocultable de la corrupción, todo puede suceder cuando se trata de mañas y operaciones políticas monetarias y fraudulentas. Pero eso no quita que, al menos este sábado, la fiesta en el PRI tenga un inevitable tufo de funeral anticipado y deseado por muchos mexicanos.
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