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Vicente Bello
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03 Julio 2018 04:00:00
PRI y PAN, con la estocada adentro, quedaron para el arrastre
La coalición Juntos Haremos Historia, ganadora de la presidencia de la República, rebasará holgadamente la mitad más uno en las dos cámaras del Congreso de la Unión, con la que podrán hacer reformas a leyes secundarias y podrán también aprobar los presupuestos anuales de los Ingresos y los Egresos sin que tengan que negociar con ningún otro partido político.

Pero también estarían muy cerca de alcanzar la mayoría calificada; la de los dos tercios, equivalente a 334 votos en la Cámara de Diputados y 96 en la Cámara de Senadores. En este caso Amlo sí tendría que negociar. Y, para ello, tendría una gran oferta de diputados y senadores, de lo que ha quedado del mismo PRI, o del PRD o del MC. O incluso del PAN y el PANAL.

En resumidas cuentas, si quisiera el nuevo régimen, que inaugurará Andrés Manuel López Obrador el 1 de diciembre próximo, no estaría muy lejos de conseguir reformas constitucionales de cualesquier tipo.

A reserva de que el INE fije los números definitivos de curules y escaños (curules, para el caso de los diputados, y escaños para el caso de los senadores), las tendencias registradas en las encuestas de salida de Mitofsky, publicadas por Televisa, son las siguientes:

La coalición que alcanzó la presidencia de la República podría alcanzar un mínimo de 256 diputados federales y un máximo de 291, según la encuestadora de marras. Y, en la Cámara de Senadores, un mínimo de 56 escaños y un máximo de 70.
Recuérdese que la mayoría de la mitad más uno –también denominada “mayoría absoluta”- en la Cámara de Diputados es de 250 curules más una: 251. Y en el Senado, la mitad más uno son 64 escaños más uno: 65.

Si acaso, un poco forzada la situación, sería en el Senado, adonde eventualmente tendrían que buscar senadores de algún otro partido para asegurar la mayoría absoluta en caso de no alcanzar los 65 mínimos para aprobación de leyes secundarias o para la autorización de las leyes de los ingresos anuales.

Con estas aproximaciones, ¿cuántos diputados y senadores necesitarían Morena y compañía para alcanzar una votación colegiada, de dos tercios más uno, para reformas constitucionales? No estarían muy lejos ni de los 334 votos de los dos tercios exigidos en San Lázaro, ni, tampoco, de los 96 escaños requeridos para tal efecto en el Senado.

Recuérdese otra vez que el pleno camaral de los diputados es de 500 integrantes y el de los senadores es de 128.

Mañana, miércoles, el INE deberá informar sobre los números exactos de diputaciones y senadurías a cada partido político.

De repente, a la sorpresa mayúscula de que Morena se ha constituido en la mayor fuerza representativa del Congreso, se le añaden otras sorpresas en el corto plazo, como, verbigracia, las que suelen ocurrir en cada comienzo de legislatura, cuando diputados y senadores de otros partidos políticos renuncian a sus institutos políticos para sumarse a las bancadas del partido triunfador de la elección de la presidencia de la República.

Es muy probable que algunos de los diputados y senadores que conformarán las bancadas opositoras comiencen a sentirse “huérfanos”, y traten de “colarse” a las bancadas de los partidos que colocaron presidente de la República y que capitanearán el nuevo régimen.

Veamos la misma aproximación de Mitofsky respecto de cómo quedarían las bancadas de los nuevos opositores: PRI, entre 37 y 47 diputaciones federales, y entre ocho y 14 senadurías.

PAN: entre 63 y 76 diputados, y entre 23 y 29 senadores; PRD: entre 33 y 43 curules, y entre ocho y 11 escaños; MC: entre 27 y 37 diputados, y entre cuatro y ocho escaños.

Los más jodidos serán el Pvem y Panal. El Pvem: entre 19 y 26 diputaciones federales, y entre dos y seis senadurías. Y el Panal: Entre 14 y 19 curules, y entre uno y seis escaños.

Estas bancadas de los otrora partidos en el poder quedaron para el arrastre. Muy por debajo de sus cifras históricas, de más de 170 y hasta 225 curules, como fue el caso del PRI y PAN en los últimos tres sexenios.

A reserva de que la última palabra la dé el INE, le encuestadora de marras ha calculado en su encuesta de salida hecha el pasado domingo al pie de las urnas, que Morena va a obtener entre 127 y 142 curules, y entre 48 y 54 escaños.

En tanto, el PT, solito, podría alcanzar entre los 64 y 75 diputaciones, y entre tres y siete senadurías. Y el Pes, entre 65 y 74 diputaciones, y entre cinco y nueve senadurías.

PT y PES andan prácticamente en empate técnico con el PRI y PAN en cuanto a número de curules y escaños.

Nunca, en la historia nacional, un partido en el poder había quedado tan vapuleado como quedó el PRI ahora, y también su aliado histórico –Acción Nacional- en todo este régimen que inauguró en 1982 el grupo político priísta liderado entonces por Miguel de la Madrid y su entonces joven s

La Megamadriza que les dio Andrés Manuel López Obrador no tiene parangón. Ayer, en los territorios del Congreso de la Unión, voces surgidas del mismo PRI advertían que, ahora sí, el partido como tal corre el grave riesgo de su extinción.

La muerte del PRI comenzará con el desgajamiento de sus bancadas, en busca de acomodo en alguna de las bancadas triunfadoras en este proceso electoral que aún no
concluye.
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