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Dan T
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19 Diciembre 2017 04:00:00
Prisión a domicilio
El otro día estaba platicando con un alto funcionario federal y me contaba que, de un tiempo a la fecha, no estaba a gusto en su trabajo. En la mesa estaban su secretario particular, un chamaco egresado del Itam; y su coordinador de asesores, un anciano regordete que hablaba poco. El funcionario relataba que hasta que llegó a esa posición, entendió aquella frase de “se necesita estómago para ser político”.

Y es que, según nos contaba en la mesa, desde su nombramiento, la gastritis, la colitis, las agruras y hasta las diarreas se habían convertido en parte de su vida diaria. Y más cuando una de las obras a su cargo, se derrumbó con los sismos de septiembre. Ahí sintió que le daba un infarto, cosa que realmente no sucedió porque el hombre es, más bien, un exagerado.

Nos decía que la relación con su jefe, el titular de la Secretaría era cada vez más tensa, ya que al secretario le llevaban todo tipo de chismes. Sobre todo le hacían creer que el hombre de la gastritis estaba armando un complot para quitarle el cargo y asumir él las riendas de la Secretaría. Le pregunté si no era esa, en realidad, su intención. Me respondió que no, porque no tenía estómago para eso. “Estoy ahí y no quiero estar; cada día que llegó, ya me quiero ir. Ya no quiero estar, me urge salirme de ahí”. ¿Y por qué no renuncias?, le pregunté. “No sé. No puedo. No quiero estar ahí, estoy harto, me duele todos los días el estómago, siento que me estoy muriendo, pero no renuncio. ¿No sé si me entienden?”. Y respondió el gordo coordinador de asesores: “Sí, claro que lo entendemos, señor: todos somos casados”.

Quien ahora también está en prisión domiciliaria es Elba Esther Gordillo. La Maestra, así con mayúsuculas, como la nombraban sus colaboradores que más bien parecían sus sirvientes; quien fuera el poder absoluto en el sistema educativo, la dueña del movimiento magisterial, la gran operadora electoral, tuvo que llegar casi a escondidas a su nueva celda a todo lujo. Y quisiera cualquier interno del Reclusorio Norte que lo trasladaran, como a ella, a un departamento de poca madre en Polanco.

No creo que por dentro el famoso depa, que en realidad es un pent house, se parezca a las celdas de cualquier penitenciaría mexicana. Pero, bueno, la realidad es que a Gordillo no le hicieron ningún favor especial, pues ese beneficio es para cualquier delincuente que esté preso y que haya cumplido más de 70 años. Como ella, a otros miles de reos les han permitido irse a sus casas a continuar sus sentencias. La diferencia es que Elba Esther no vive como tú y como yo, sino como una princesa (no de Disney) en un súper lujoso departamento en el que seguramente caben unas tres casas de interés social.

¿Te imaginas vivir en un lugar así? Debe ser horrible tener que caminar medio kilómetro para llegar a la cocina a hacerte una quesadillas si tienes hambre en la noche. O para los que ya tienen la próstata tan grande como su edad, debe ser del carajo tener que levantarse en medio de la noche y tomar un trenecito para ir al baño. Yo no podría con tanto lujo, estoy seguro, porque nunca lo he tenido. ¿Cómo para qué diablos querría yo una bolsa Louis Vuitton? ¡Ni para ir por el pan!

¡Nos vemos el jueves!
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