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Dalia Reyes
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20 Noviembre 2018 04:00:00
Prohibido, trivial y obligatorio
El chiste más colorado que yo conté durante mi niñez se lo debo a Raúl Vale. Contaba el comediante que no tenía la menor intención de volver a Italia por tercera vez, pues la primera, ser homosexual era penado; la segunda, aplaudido, y la tercera, suponía él, sería obligatorio.

Sacando el asunto de la broma, Vale sólo satirizó el círculo real del cual entramos y salimos en todos los temas prohibidos. Tenemos ejemplos en la música, la literatura, el lenguaje y, por supuesto, la homosexualidad: si en Roma antigua no era mal vista, en la contemporánea fue castigada y en la moderna, apologada.

Cuando llegamos a la parte obligatoria, es una forma de llevar al extremo la insistencia social por una causa, una inclinación o una iniciativa. Pongo otro caso muy en boga: el feminismo, del cual es prácticamente imposible sustraerse, pues hombres y mujeres nos vemos impelidos a estar a favor o en contra, pues los de en medio resultan demasiado tibios como para entrar al cielo.

En la música, la zarzuela fue la prima hereje de la ópera, una expresión cultural de la gente vulgar; luego se abrió paso como Juana de Arco, desnuda y todo, para ocupar un sitio entre la música culta. Piense usted en el tango, con una historia similar en lo referente a cultura musical; ahora bien, si la mente le traiciona –como lo está haciendo ahora la mía– y está tirando para ejemplificar con el reguetón, primero prohibido, luego trivial y ahora casi obligatorio, quizá es porque resulta una verdad apabullante.

El lenguaje es el mejor ejemplo que tengo. Mi medio siglo ha visto cómo palabrotas como “menso” pasaron de ser motivo de castigo a comentario cariñoso e inocente; también atestigüé la pérdida de variados adjetivos para llegar a un presente en donde todo, lo bueno y lo abusivo, es “chingón” y nadie lo discute.

Hay genios cuyos descubrimientos requirieron de muchos siglos para ser aceptados como válidos; bueno, pues yo ya le hice los honores a Raúl Vale: esperó nada más 40 años para que su verdad fuera reconocida.




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