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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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25 Junio 2019 04:06:00
Propaganda oficial
Una de las cosas que más sorprende a los mexicanos que viajan a países democráticos avanzados es la ausencia de publicidad oficial. Uno puede pasar días completos escuchando la radio en España o viendo la televisión en Estados Unidos o Canadá sin escuchar o ver un solo anuncio del Gobierno. Los únicos que recuerdo en la Unión Americana son los de reclutamiento de las fuerzas armadas.

Los medios privados en Estados Unidos pueden ofrecer anuncios de “servicio público”, pero no son obligatorios ni los produce el Gobierno. Este difunde información con comunicados de prensa o páginas de internet. El presidente Donald Trump, a su vez, ha sabido usar las “benditas redes sociales” y en particular Twitter.

Los países autoritarios, como Cuba y Venezuela, tienen en contraste un bombardeo constante de propaganda oficial. En Cuba el Gobierno controla virtualmente todos los medios y los ha usado siempre para promover sus acciones e ideología. En Venezuela Hugo Chávez comenzó la costumbre, continuada por Nicolás Maduro, de forzar “cadenas nacionales” para llevar sus mensajes a la población. Emisoras críticas al régimen, como RCTV, la televisora con mayor público en su momento, fueron sacadas del aire y sus instalaciones y equipos expropiados sin indemnización.

México está más cerca de los países autoritarios que de los democráticos. El Gobierno, el INE y los partidos políticos difunden diariamente una avalancha de spots en radio y televisión abiertas. Los anuncios además se desperdician porque tienen mensajes extemporáneos o irrelevantes. Además, el Gobierno utiliza fondos públicos para comprar espacios adicionales. Nada más la administración de Enrique Peña Nieto compró 62 mil 341 millones de pesos de publicidad.

De ese total Televisa recibió 10 mil 427 millones, TV Azteca (con la que colaboro) 6 mil 790 millones y Grupo Imagen 3 mil 616 millones. La agencia internacional Starcom Worldwide obtuvo 2 mil 404 millones, Estudios Churubusco Azteca (una empresa gubernamental) 2 mil 084 millones, Grupo Fórmula mil 903 millones, Organización Editorial Mexicana (los Soles y La Prensa) mil 46, el Sistema Público de Radiodifusión Mexicano (también estatal) 869 millones y Grupo Radio Centro (con el que conduje un noticiario hasta ayer) 833 millones.

Las compras de Peña Nieto no buscaban necesariamente comunicar temas relevantes o utilizar a los medios más idóneos para mandar mensajes a la población. La Jornada, por ejemplo, fue rescatada con publicidad oficial porque el Gobierno consideró que era políticamente importante mantener buenas relaciones con la izquierda.

Mi opinión es que el Gobierno no debería usar dinero público para publicidad y que, además, debería devolver los tiempos fiscales y de Estado a la radio y la televisión abiertas, hoy en competencia con medios que no cargan con este lastre.

El presidente López Obrador ha prometido reducir la publicidad oficial a 5 mil 800 millones de pesos en este 2019. ¡Magnífico! El 17 de abril el coordinador de comunicación, Jesús Ramírez Cuevas, presentó una nueva política de comunicación que parece razonable. Dijo que habrá un piso parejo en gasto de publicidad, que no habrá promoción de funcionarios ni presión a medios o periodistas incómodos. Parece un bien inicio. Habrá que ver ahora si la política se aplica de forma adecuada.
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