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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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10 Agosto 2016 03:00:00
Próstata
Que los directivos del futbol mexicano inician una campaña para crear conciencia sobre el cáncer de próstata, lo que me recuerda una escena que ocurrió en el consultorio de un oncólogo amigo. Cierto paciente abandonaba con dificultad el consultorio. De mediana edad pero macilento su rostro, amarilla la piel, abatidos los lomos. Al pasar a tres pasos de distancia, vacilantes pasos, me azotó su aliento cadavérico.

- La próstata, ¿sabe usted? -El oncólogo.

-Una dolencia menor, con los avances de la ciencia médica.

-¿Y esos avances qué pueden contra el machismo de un paciente enfermo más de su mente que de próstata y genitales? Ignorancia, falsa hombría, prejuicio. Como tantos más, este “macho” ha rechazado el tratamiento médico.

Más café. “Cáncer de próstata. Para iniciar su tratamiento le solicité varios exámenes. Sanguíneo, para empezar. Se indignó: ¡A mí ningún Drácula me la va a chupar! Su sangre. ¿Este mexicano que así rechaza una insignificante sangría estará enterado de que durante años y sólo para cubrir los intereses del Fobaproa-Ipab zedillista tanto él como usted, yo y el resto de mexicanos hemos venido padeciendo un sangrado de cientos de miles de millones al año? ¿Sangría tan brutal ha dolido a este canceroso mexicano? ¿Se lamentó, protestó? ¿Se enteró, tan siquiera? ¿Y los altísimos sueldos del Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial? ¿Y el bandidaje de los gobernadores? ¿Y la casa blanca de Peña?”.

Que un examen copro. El escándalo: “¿Yo con semejantes inmundicias?”.

- él, que a diario se atasca hasta el cuello (¡hasta la mente, hasta el espíritu!) con las inmundicias que traga en la TV. Le hablé de un electro. ¿Que enfermo un corazón que le ha salido tan querendón? Con todas, a excepción de la esposa: la doméstica, la vecina, la oficinista. Al puro examen con el estetoscopio –sobre la camisa, que a un macho ninguno le anda por las tetillas–, soplos, arritmias. “Requiere algunos otros exámenes”, le dije.

-¿De mi qué? ¿Mi semen? Recato, doctor, qué desfiguros.

El cual recatado es macho promiscuo que se vive regando semen debajo de cuantas faldas, faldillas y minifaldas se le paran enfrente. Y a desparramar preñeces, abortos, contagios venéreos. El oncólogo se atrevió a sugerirle un examen más.

- A golpes me hubiese atacado de no impedirlo su extrema debilidad cuando le insinué un posible daño en su izquierdo, con la eventualidad de extirpárselo. “¿Yo atentar contra mi virilidad?” Que uno de su condición se para frente a la vida con la frente muy en alto y toda la hombría en su nidal. “Yo con ella soy hombre cabal, y con ella me van a echar tierra encima. A mí la hombría nadie me la corta”.

La hombría. Frente a su testículo canceroso quienes lo gobiernan, tan faltos de testículos cuanto sobrados de indignidad, a nombre de millones de “machos” van a mendigar a Washington que gobierne por ellos y se agachan ante el vecino imperial mientras que un mexicano se niega a extirpar de su organismo un foco de infección cancerosa. Pero lo que faltaba.

¿Tacto rectal? ¿A mí? ¿Que me baje los pantalones y me culimpine ante usted? ¿Yo, dejar que me viole la hombría? ¿Soy maricón al que le puede meter todo el índice?

- Él, que el tanto de media vida y sin asomo de protestas se ha dejado gobernar con el índice. Él, al que en 2006 y 2012 le embombillaron no el índice, sino toda la mano de unos impostores. Ante mexicanos de este calibre, ¿qué puede la ciencia médica?

(Pues).
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