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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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06 Abril 2019 04:00:00
Puertas abiertas
En la actualidad, cualquier acontecimiento se conoce con gran rapidez. Eso es un verdadero avance en la “comunicación” donde las redes sociales están jugando un papel muy importante.

Sin embargo, el que un acontecimiento, mensaje, video se propague y llegue con gran rapidez a nuestras manos, no significa que sea verdad, real o digno de ser leído mucho menos de darle difusión.

Las redes sociales se convierten en una magnífica herramienta de trabajo, social siempre y cuando sea utilizada para lograr un beneficio. No así cuando se trata de dañar a alguien porque no le simpatiza o por diversas razones.

Inaceptable que haya quien utilice las redes sociales con el propósito vil de hacer señalamientos en contra de alguien, buscando el desprestigio.

Escudarse en el anonimato es verdaderamente abominable, porque no se puede saber si quien procede con esa conducta está inventando un acontecimiento o si realmente sucedió.

Cuando alguien utiliza un medio para ventilar una situación que sucedió tiempo atrás y no da la cara, es para preocuparse. No debería ser atendido; desafortunadamente hay quien da por hecho todo lo que se lee en las redes.

Hacer una denuncia ante las autoridades requiere de pruebas, lo sabemos. Quizás por eso es más “cómodo” para algunas personas utilizar las redes para desprestigiar a otros. Más si son famosos, como está ocurriendo después de iniciarse el movimiento “Me too”.

Me sorprende ver el número de “acosadas” y que no denunciaran a sus acosadores, en su momento. Mínimo una bofetada le hubieran “obsequiado” a esos patanes, para ponerlos en su lugar.

El desprestigio que han sufrido los presuntos “acosadores” ha sido muy grande. No dudo que en algunos casos sea cierto lo que se dice de ellos, pero este movimiento lo están desvirtuando quienes ven un caso de “acoso” donde no lo hay porque no están analizando cada caso, sino por el contrario están sumando simpatizantes más que víctimas.

La decisión de Armando Vega Gil, fundador de la banda musical Botellita de Jerez, de terminar con su existencia después de una denuncia anónima que apareció en las redes, realmente llamó mi atención. Hay quienes consideran el suicidio como un acto de cobardía, otros creen que se requiere valor.

“Es un hecho que perderé mis trabajos, pues todos ellos se construyen sobre mi credibilidad pública. Mi vida está detenida, no hay salida”. Vega Gil presentía lo que le deparaba el futuro ante el juicio implacable de una sociedad que está inmersa en las redes.

Desprestigio, daño moral, credibilidad en duda; falta de trabajo seguramente le esperaba al músico, como consecuencia de una acusación de alguien que no tuvo el valor de dar la cara, pero sí tuvo la osadía de acusarlo de haber cometido un supuesto delito, que él rotundamente negó. ¿Cómo defenderse? ¿Cómo proteger a su hijo de las burlas, críticas y señalamientos? “Su orfandad es una manera terrible de violentarlo, pero más vale un final terrible que un terror sin final”.

Culpable o no, esto debe llamarnos a la cordura. No se debe señalar a alguien sin probarlo. Las redes sociales deben ser utilizadas de manera responsable no para lanzar acusaciones con o sin fundamento y menos aún hacerlo desde el anonimato.

Casos de suicidio se han dado, como consecuencia del llamado “bulling” en contra de jóvenes o niños. Es preocupante.

Distinto sería si las redes sociales se utilizaran de una manera correcta sin necesidad de dañar a otros. Todos deberíamos entender que somos diferentes, por lo tanto, pensamos y actuamos diferente.

Nadie tiene el derecho de insultar, ni agredir a otro por la simple razón de que no goce de su simpatía. Menos aún de provocar confrontaciones en redes que a nada bueno conducen.

Las confrontaciones están a todo lo que da, y quienes participan muestran el lado más agresivo, un vocabulario soez pretendiendo intimidar a quienes ofenden. Llevan una política en redes de “puertas” abiertas. Sin embargo, al mostrar un comportamiento violento en los mensajes dan muestra de intolerancia en una mente por demás “cerrada”.

¿Víctima de un movimiento feminista o de una persona irresponsable que ocultó su rostro?. No lo sé. La decisión de Armando Vega Gil de acabar con su vida, fue tomada quizás en la reflexión de que lo que dijera, nadie lo creería. La duda estaba sembrada en una denuncia anónima, desde donde se destruyen honras y también vidas.
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