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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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13 Enero 2018 04:00:00
‘¡Putos abominables!’
“Los diputados van contra terapias para ‘corregir’ la orientación sexual”. Que desde que se consideró la homosexualidad como una enfermedad, los tratamientos para cambiar la orientación sexual de las personas han sido inhumanas y violatorias de sus derechos. Se habla de violación, castración y electrochoques como remedios a la “enfermedad”. El diputado G. E, Ralis Cumplido propone hasta 3 años de prisión para quien recurra a prácticas tan horrorosas.

Mostré la nota del matutino (24–XII–17) a un radioescucha de nuestro Domingo 7, de Radio Universidad, y él, de respuesta, recorrió a la historia:

–Y que enfermos y abortos de la naturaleza, y que para nosotros las puertas del Cielo están remachadas, claman las buenas conciencias. Ya el Tribunal de la Inquisición, pecho inflamado de cristiana piedad y con ánimo de salvarnos el alma para la gloria eterna, nos asesinaba en Francia, Alemania, Italia y la España de pasados siglos.

Y qué decir de los indios. En su obra denominada Cosas Generales de la Nueva España, don Francisco López de Gómara: “Estos indios son dados a ese placer y contento y son putos en detrimento de la Ley y el Orden de Dios quien todo lo crió”. En América del Sur, Vasco Núñez de Balboa, adelantado del siglo 16, mató con perros todo un pueblo de indios sólo porque, como parte de ritos que los unían con las ultraterrenas divinidades, practicaban la homosexualidad.

En su Primera Carta-Relación de la Justicia y Regimiento de la Rica Villa de la Vera Cruz a la Reina Doña Juana y a su hijo, el emperador Carlos V, dada en Nueva España el 10 de julio de 1519, dice al hablar de los naturales: “Todos son sodomitas y usan aquel abominable pecado”.

En el 17, en el virreinato de la Nueva España figuran en este campo dos personajes antagónicos entre sí: la poetisa Juana Inés de Asbaje, sor Juana Inés de la Cruz, mujer enamorada de dos señoras virreinas: de la marquesa de Mancera, primero, y de la marquesa de la Laguna, después. En su poesía hallamos su grande amor por esas dos damas de Villa y Corte. Por ser mujer, por ser libre y por ser lesbiana, ganó el odio y la ira del poderoso arzobispo misógino don Francisco de Aguilar y Seixas, del que cuenta Lezamis:

–En su servidumbre jamás permitió mujer alguna; en sus frecuentes pláticas doctrinales atacó con vehemencia cuantos defectos creía hallar en la mujer. Oí decirle que si supiera que ha entrado una mujer en su casa, habla de mandar arrancar los ladrillos que ella había pisado. No quería que en casa suya pusiesen mano las mujeres ni que le guisasen la comida ni oírlas hablar y cantar. Prohibió a sor Juana el estudio, la escritura y la música, ordenándole deshacerse de todos sus libros e instrumentos científicos y musicales. En ese siglo la mujer tenía que casar con varón o con Cristo. La poetisa casó con Cristo en la fe. Violando el protocolo rehusó visitar al visorrey conde de Galve porque la virreina era mujer”.

Ni aun con su maquinaria de terror, como el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, pudieron liquidarnos a los homosexuales (aún hoy más del 70% del mundo mata homosexuales). No han podido ni podrán liquidarnos porque los heterosexuales nos engendran y porque somos sanos, normales; aun la Organización Mundial de la Salud así lo ha determinado. Aunque arzobispos y cardenales juren que somos enfermos, no puede probarlo.
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