×
Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
ver +

" Comentar Imprimir
22 Junio 2017 04:00:00
¡Puu.tos!
Y porque las cúpulas de San Basilio están a tiro de balón, los observadores:

Esa fascinación que el futbol ejerce sobre amplias masas populares constituye un vasto movimiento de diversión y de mistificación; cumple una función de compensación simbólica. Los capitalismos lo utilizan como medio de adiestramiento gregario y control psicológico de las masas a través de sus reflejos condicionados.

“No tenía idea de la explosión de locura que se produce si se encierra en la misma probeta una crisis económica, un desencanto por las autoridades del país, una bolsa de café y una virgen de madera dorada, y esa mezcla se deja desintegrar bajo el sol mojado de los tristes trópicos. Jamás un país me había dado la impresión de estar enajenado en bloque, pasmado entre un pasado ausente y un porvenir ilegible. Si en ese cuerpo enorme y febril se inocula pasión futbolística, la razón se tambalea. En ese organismo en estado de baja resistencia el cáncer del futbol ataca uno tras otro todos los órganos y los roe ferozmente”.

Como espectáculo para las masas el futbol sólo aparece cuando una población ha sido ejercitada, regimentada y deprimida a tal punto que necesita cuando menos una participación por delegación en las proezas donde se requiere fuerza, habilidad y destreza, a fin de que no decaiga por completo su desfalleciente sentido de la vida.

“Ganamos, anotamos un gol”, y no se han movido del graderío. Es el orgullo apasionado del mediocre. El deporte por delegación es un fenómeno de la sociedad industrial de masas, el santo y seña de la sociedad de clases. Las clases altas practican el deporte: golf, tenis, hockey, criquet, natación, equitación, polo, etc.; las clases bajas están reducidas al espectáculo pasivo del futbol. La inmensa mayoría rara vez toca un balón. El aficionado es espectador pasivo que participa por delegación de los triunfos de su equipo favorito, a cuyos partidos asiste a distancia, desde una tribuna, enajenándose en el jugador profesional al que eleva a la categoría de ídolo.

El futbol es un medio de despolitización de masas, un formidable señuelo para alejarlas de la cultura política. El menosprecio hacia el fanático se evidencia hasta en las condiciones inhumanas que se le hacen sufrir en los estadios, que son lo más parecido al campo de concentración, donde ni siquiera falta el alambrado de púas.

La comunicación que se provoca en el futbol es del tipo de las multitudes enajenadas que se forman en ocasión de un linchamiento. No es de extrañar que suele terminar en violencia.

De súbito, desde las galerías rompen a rodar las pasiones crispadas, los insultos y los frustrados deseos semanales. La verdadera pasión es fría y el entusiasmo, en cambio, es el arma de los impotentes. La turba sugiere de pronto la imagen de un viejo decrépito que se exaspera en sus vanos esfuerzos por poseer a una adolescente.

De los merolicronistas: “Tenden a acentuar el carácter estético del futbol. Hablan de estilos y técnicas, pero que no nos engañen: intentan crear una seudo-cultura basada en valores irrisorios para uso de las masas a las que no se les permite tener acceso a la cultura. Hacen un serio estudio de algo de lo que nada hay que comentar aparte de algunas elementales reglas de juego”.

Pero el futbol es rey, dios, dictador, negocio, enfermedad, enajenación, política, manipulación. Todo, menos un deporte.

¡Y que el héroe por delegación, fanático y pobre de espíritu, busque en el Chicharito la gloria en Rusia. ¡Puu-tos!.

(Mi país.)
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2