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Fernando de las Fuentes
Fernando de las Fuentes
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26 Agosto 2017 04:00:00
¡Qué emoción!
Estoy viendo dos moscas danzar en el aire al ritmo de la música de Mozart. Primero pensé que eran ideas mías, así que las observé atentamente por largo rato. ¡No! Efectivamente, llevan el ritmo a la perfección y con absoluta gracia.

No sé si pueden oír, pero en todo caso sienten la vibración, y se ven felices, gozosas. Creo que no podré volver a matar ninguna. En este momento me parece valiosísima su vida, porque están en el aquí y el ahora plenamente.

En tanto las observo, absorto, hago lo mismo. Cuando redirijo la atención hacia mí de nuevo, me doy cuenta de que me he quedado con un sentimiento intenso de alegría, pura y llana. De pronto, ¡clinc, clinc, clinc!, me caen todo los veintes: ¡papando moscas se puede alcanzar el nirvana!

He creado un instante de paz interior y ternura. En cuanto me alejé de mi vocerío interior y me dejé sentir con las moscas y a través de las moscas, desapareció por un instante, eternamente memorable, todo aquello que ha venido poniéndome el pie en la vida: mis indómitas y las más de las veces ignotas emociones negativas.

No hay emociones ni buenas ni malas. Sólo son lo que son. Las llamamos positivas o negativas por sus efectos en la mente, el cuerpo y la realidad subjetiva. Aunque le suene raro, existe la realidad subjetiva: aquella que cada uno de nosotros considera realidad.

Y esa realidad responde no a la forma en que pensamos, sino en que sentimos. Son las emociones –englobando en este concepto tanto a éstas como a los sentimientos–, las que tienen el poder de crear, para mal o para bien, todo cuanto a usted se le ocurra. El pensamiento es solo el timonel del barco y también hace de vigía.

Una emoción enferma junto con un pensamiento ídem (no importa si fue primero el huevo o la gallina), crean todas aquellas desgracias a las que usted tanto teme. Si usted endereza el pensamiento, pero no la emoción, el efecto será el mismo. La emoción manda.

El proceso creativo de la mente: atención-intención-concentración, no sería tal sin la emoción y la armonía de ésta con el pensamiento, es decir, la congruencia. Pero es en la emoción donde está la clave de todo lo que quiera hacer usted con su vida. Mucha emoción en la intención y moderada en la concentración, para que no se vuelva obsesión, es lo que mueve el universo a su favor. Ya señalaba Eduardo Punset: “Sin emoción no hay proyecto”.

O, como decía Carl Jung: “La emoción es la principal fuente de los procesos conscientes. No puede haber transformación de la oscuridad en luz ni de la apatía en movimiento sin emoción”.

Si en la emoción radica realmente nuestro poder como criaturas vivas, ¿por qué no nos estamos educando unos a otros para sentir en positivo? ¿Porque cabalgamos por la vida sobre emociones desbocadas sin siquiera darnos cuenta de que vamos rumbo al precipicio? ¿Por qué tratamos de no sentirlas y de pasarle la batuta al pensamiento, cuando está imposibilitado para ser el maestro de la orquesta?

Bueno, porque educarlas duele. Le duele al niño renunciar a su capricho y le duele al adulto renunciar al niño encaprichado. Le duele al niño no ser el centro del universo y le duele al adulto soltar a su majestad el bebé. Ni se diga cuando tenemos motivos reales o hasta trágicos para huir del dolor.

Al alejarnos del dolor nos alejamos en general de nuestro mundo emocional y de la posibilidad de autoconocimiento. Saber quiénes somos, por qué y para qué es un camino laberíntico interior que nos lleva a nuestro propio centro, donde está el verdadero poder de cada ser humano, no en la ilusión de fama, fortuna y reconocimiento que hemos creado como remedo.
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