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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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17 Julio 2017 03:00:00
Qué fácil es acusar sin pruebas
Abraham González Ortiz, ingeniero, tiene una pequeña industria, un taller de acero, donde fabrica trabajos a medida y pequeños desarrollos tecnológicos. Pues bien, hará algún tiempo se propuso fabricar un horno para incinerar, una vez que mueren, esos animales pequeños, queridos compañeros de la familia, gatos y perros que fueron acompañantes de la vida familiar y que al morir dejan un hueco afectivo que se puede disminuir cuando sus cenizas se ponen en una urna y se vuelven recuerdo decorativo de su presencia. Tal vez esa costumbre no vaya a ser sólo una moda, sino una tradición positiva para mitigar el duelo.

Al ingeniero Abraham se le ocurrió porque uno de sus hermanos, Saúl, quizá el veterinario más conocido y respetado de Saltillo, tiene una clínica veterinaria (ambos provienen de una familia que asumió desde siempre la cultura del esfuerzo), y una idea lógica natural es fabricar lo que después será parte del servicio integral que tal clínica ofrece a sus usuarios: la cremación de sus pequeñas mascotas. Hasta aquí no había ningún problema.

El problema inicia cuando, ya fabricado el horno, inician las pruebas para su calibración, pues se debe medir temperatura, tiempo y consumo de gas para saber si el horno crematorio cumple con las especificaciones necesarias para luego registrarlo bajo las normas oficiales. El ingeniero hizo una prueba el sábado 8 y se tuvo que suspender porque las hornillas no tenían suficiente capacidad. El lunes 10 se hizo otra prueba con el horno calibrado, con perritos que habían muerto en el centro Mi Mascota, de Ramos Arizpe, pero ese día los vecinos, molestos tal vez por el natural olor que se desprendía, acusan al ingeniero y a su hermano de infundios y actos absurdos que ellos consideraron les darían más impacto a sus acusaciones. Pero que, por supuesto, no podrían ni remotamente probar. No es que se armaran de valor para denunciar, sino que llenaron sus mentes de fantasías y con ellas acusaron, construyendo sus propias leyendas.

Acusaron a los hermanos de que por su culpa tenían varios días soportando el olor a carne y pelo quemados, que el horno se convirtió en el campo de tortura para incinerar vivos a los perros, que escuchaban los aullidos lastimeros de los animales durante días, que era común ver al ingeniero capturar y torturar hasta la muerte a cuanto perro se encontraba a su paso, que era muy común por las noches verlo bajar de su vehículo bultos donde trasladaba a sus víctimas e incluso que habían escuchado los gruñidos y ladridos de sufrimiento al ser echados al fuego. Y para rematar afirmaron haber tenido varios acercamientos con él para pedirle que dejara de hacer estas actividades, “pues el olor tan penetrante que esto generaba es sumamente dañino, sobre todo para los menores de edad y personas adultas, pero Abraham González hizo caso omiso y prosiguió con la matanza”. Y el problema es que todo esto lo inventaron y no podrían probarlo ni aunque compraran los testimonios. Como resultado llega Fuerza Coahuila con elementos de Protección Civil y de Ecología Municipal y sin pruebas ni flagrancia, olvidando que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario, se llevaron arrestado al ingeniero Abraham González y lo tuvieron recluido durante
48 horas.

Las redes sociales se abalanzaron como pirañas en contra de él y alcanzaron a morder a Saúl como tal vez ningún perro lo mordió en sus 34 años de práctica profesional. Las páginas de Facebook Código Rojo Saltillo y Noticias Al Minuto Saltillo iniciaron el festín de insultos (aun cuando hay comentarios en verdad divertidos y otros en defensa de la cremación), pero quien vio la oportunidad de llevar agua a su molino fue el polémico Raúl Julia Levy, quien incluso ofreció dinero a quien consiguiera pruebas en contra del veterinario o de su hermano, no teniendo que gastar ni un quinto, porque no había tales pruebas.

Se entiende y se aprecia que la actitud actual, tanto del Gobierno estatal como de una parte significativa de la sociedad esté en una franca defensa de los animales, pero no es admisible que denuncias sin fundamento lleguen a lastimar la reputación de un hombre que durante su vida profesional ha salvado de la muerte a miles de animales, que ha mostrado la mejor de las actitudes para mitigar el dolor no sólo de los animales, sino de sus dueños y ahora queda en entredicho por la ligereza de opiniones de un grupo que ni siquiera conoce ni su trayectoria ni su bondad ante una causa, la defensa de los animales, que el abrazó hace ya mucho tiempo.
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