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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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27 Agosto 2017 04:01:00
¿Qué hacer en un año?
Saltillo y el resto de los 37 municipios del Coahuila vivirán próximamente un relevo sui generis en sus ayuntamientos. Por primera vez desde los nacientes años del siglo pasado, las autoridades municipales verán reducido a un año su periodo de gobierno. Muy poco tiempo, en verdad.

Aquellos mandatos de 12 meses eran adecuados a las circunstancias. Los presidentes municipales y sus cabildos gobernaban comunidades pequeñas, muchas de ellas todavía con aroma semirrural, con la agravante de tener que hacer frente a los retos disponiendo de un presupuesto raquítico, en ocasiones insuficiente incluso para hacer frente a los gastos de su propio sostenimiento. Hoy, aquel Saltillo de alrededor de 40 mil habitantes se ha convertido en una ciudad que roza el millón de habitantes. Y del tamaño del crecimiento de la zona urbana y del demográfico ha sido el  crecimiento de las necesidades y los problemas.

¿A qué puede aspirar un presidente municipal que estará solamente un año en el cargo? Lo corto del periodo le obliga, primeramente, a tener en cuenta que su de-sempeño será una lucha constante contra el reloj. Además, deberá tener proyectos muy concretos, viables, que sea posible llevar a buen fin en unos cuantos meses. De lo contrario, al terminar el año estaría condenado a heredar obras inconclusas cuyo destino se puede vaticinar en vista de experiencias anteriores sería el abandono. Elefantitos blancos que servirán, en el peor de los casos, de refugio de malvivientes y drogadictos.

Con el ímpetu de su juventud, Manolo Jiménez, el próximo alcalde saltillense, ya se arremanga la camisa para, aseguró, ponerse a trabajar desde el primer día. Trabajo no le faltará. Sin embargo, hay varios problemas cuya complejidad resulta difícil solucionar en 365 días. Uno de ellos es el tránsito vehicular, que en algunos puntos alcanza ya niveles preocupantes. Si usted transita por el periférico Echeverría al sur de Valdés Sánchez poco antes de las 8 de la mañana, verá hileras de autos de dos kilómetros de largo no es exageración avanzando a vuelta de rueda de sur a
norte.

El mismo fenómeno se presenta durante las horas pico en la carretera a Zacatecas, en su tramo La Angostura a Derramadero. La atracción de industrias al valle de Derramadero ha incrementado exponencialmente el número de empleados y obreros que viajan desde la ciudad hasta ese lugar todos los días.

Ambos problemas difícilmente se solucionarán en un año. Pero hay otros de menor calado que sí es posible resolver. Uno de ellos es la modernización del sistema de semáforos y su sincronización. Abundan señales a media luz y otras tan lagañosas que el automovilista que no goza de una vista 20-20 acaba por cruzar la bocacalle encomendándose a todos los santos. En avenidas de Monclova se instalaron ya las nuevas señales de brillante verde, ámbar y rojo, con letreros de Alto y Siga. En cambio, aquí conservamos como piezas de museo los venerables semáforos de capuchita de lámina.

Otro reto es aplicar el horario para el tránsito de camiones pesados y tráileres por las calles de la ciudad. Estos armatostes circulan a todas horas con sus enormes cajas, o incluso con tanques de más de 12 metros de largo que sabrá Dios qué transportan. ¿Qué intereses impiden el cumplimiento del reglamento?

No son grandes proyectos, pero el diablo está en los detalles, y estos son detalles que mejorarían la calidad de vida y la seguridad de saltillenses y visitantes.
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